lunes, 12 de noviembre de 2012

¡Pyffff!

Desde que la señora Fernández, viuda de Kirchner, Presidenta de la República Argentina, amén de agraciada mujer botoxeada, se apropió de las inversiones y bienes de Repsol con excusas y argumentos infantiles, YPF ha perdido un 51% de sus ganancias. Las acciones de YPF siguen el ritmo descendente y su valor en Bolsa se ha desplomado en casi un 57% desde que YPF pasó a ser administrada por los miembros de su banda, Galuccio y Kicilloff. En Argentina se preguntan cómo es posible semejante degradación en una empresa que explotaba –lo descubrió Repsol– el mayor yacimiento energético del continente americano. Sucede que no es sólo YPF el ejemplo de la descomposición económica argentina. La inflación ha alcanzado un porcentaje escalofriante y los argentinos se han echado a la calle. No obstante, la señora Fernández, sus socios y el peronismo cuentan con sus millones de matones preparados, y también se presentarán en la calle si la presión contra la permanente mentira se mantiene.
La señora Fernández robó a Repsol y no encuentra socio fiable para compartir la empresa. Y Galuccio, que tiene apellido de «capo regime» de Don Corleone, no tiene ni idea de qué va la cosa. Se recoge en el tesoro epigramático del siglo XIX español el nombramiento de un individuo que nada sabía de la mar como ministro de Marina: «El ministro de Marina/ preguntó, sabio y sagaz,/ si las velas de los buques/ eran de aceite o de gas». Pero no creo que la incompetencia de Galuccio y la influencia de Kicilloff –intuyo que se escribe de esta guisa– sean las causas determinantes del desmoronamiento de YPF. En Argentina se perdonan, tradicionalmente, los desajustes de la honestidad en los gobernantes y sus allegados. «Si todo lo que han robado y se han llevado fuera la mayor parte de nuestros gobernantes volviera a nuestro país, Argentina sería una de las naciones más ricas del mundo». El diario «Clarín», uno de los más añejos y prestigiosos del continente americano, está seriamente amenazado de cierre por enfrentarse al «Desastre Fernández». Le llegarán las hordas el día menos pensado. Como llegaron a los despachos de Repsol-YPF cuando los directivos y trabajadores españoles allí destinados fueron desalojados de mala manera por las turbas de Fernández, Galuccio y Kicilloff. El peronismo es un marxismo populista de «Patria o muerte» y «Bombonera» que se resume, históricamente, en pobreza para el pueblo y riqueza para los dirigentes. La caída vertiginosa de YPF, ya sin Repsol, no se debe a una mayor y mejor preparación administrativa y empresarial por parte del grupo español. Se debe a que Repsol es una empresa seria que tiene que informar a sus accionistas, repartir los correspondientes dividendos derivados de sus beneficios, y en el caso de pérdidas, explicar a sus dueños los motivos de la gestión negativa. Es decir, como todas las empresas serias del mundo. Desde que Repsol fue atracada en Argentina, YPF está siendo administrada por la señora Fernández, su hijo, probablemente, alguno de sus sobrinos, el hijo del cirujano que le embucha el bótox, Galuccio y Kicilloff. El subsuelo produce lo mismo y la riqueza se acumula en diferentes cuentas corrientes domiciliadas en los Estados Unidos, Suiza, Liechtenstein y los paraísos fiscales caribeños. No son cuentas corrientes corporativas, sino personales, y de eso saben mucho la señora Fernández, Galuccio y Kicilloff. De ahí que YPF haya pinchado el globo. ¡Pyffff!
Alfonso Ussía
FVA Management - Blog
Félix Velasco

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