jueves, 29 de diciembre de 2011

Un nuevo año

No inicies la aventura de este nuevo año pensando en lo que pasó o lo que pudo haber pasado, ni lamentándonos por lo que no pudiste lograr, déjalo donde pertenece EN EL PASADO.
Comiénzalo con tres actitudes sencillas:
1) Hazte el propósito de cumplir tus propósitos.
2) No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.
3) Mantén presente que una sonrisa abre muchas puertas.
Y recuerda que los objetivos maximalista nunca funcionan, así que márcate sólo tres (o los que consideres, pero pocos y que valga realmente la pena luchar por ellos).
Una vez sepas qué es lo que quieres conseguir, sé tan concretos como sea posible, dividiendo cada propósito en pequeñas tareas que puedas acometer de forma realista. Teniendo en cuenta:
  • Planificar: Cualquier objetivo, por pequeño que sea, exige una planificación previa. Debemos contar con los recursos necesarios para poder llevarlo a cabo.
  • Anticiparnos a los problemas: A lo largo del año vamos a encontrarnos obstáculos y problemas con los que deberemos lidiar. Es cierto que algunos serán imprevisibles,   pero no fracasemos por aquellos que podemos tener en cuenta con tiempo suficiente para reaccionar.
  • Empezar: Da el primer paso. Marca fechas y plazos. Respétalos. Postergar las tareas es la mejor forma de no cumplir con nuestro objetivo y acabar fracasando en nuestro propósito.
  • Compromiso: Ten los objetivos presentes cada día en tu mente y en tu corazón,... y cada día haz algo para alcanzarlos y no sean sólo "buenas intenciones".
  • Aceptar el fracaso: Eres humano, los errores son parte de la vida y han de servirnos para aprender y reforzar nuestro compromiso.
  • Pequeñas recompensas: La motivación personal es fundamental. Cada vez que alcances una de las partes en que has dividido cada uno de tus proyectos,... ¡celébralo!!!
Y recuerda, si quieres, puedes.
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Félix Velasco

viernes, 23 de diciembre de 2011

Cataluña sin liquidez

Los problemas de tesorería de la Generalitat de Cataluña no solo han obligado a retrasar a enero el pago del 20 por ciento de la extra de Navidad de sus 210.000 funcionarios, sino que están llevando a dilatar los pagos de retenciones de IRPF y cotizaciones sociales al Estado. Así lo reconoció ayer en el Parlamento autonómico el consejero de Economía, Andreu Mas-Colell, que utilizó el término "cierre de cajas transitorio", en alusión al episodio de 1899 con el que empresarios y comerciantes catalanes protestaron contra la subida de impuestos producto de la crisis colonial de 1898.
El «cierre de cajas» de la Generalitat es puntual y pactado con el Gobierno, se precisó a ABC desde el Ejecutivo autonómico, y es producto de la grave situación de falta de liquidez por la que atraviesa la tesorería catalana. El retraso en los pagos implicará posponer un mes el pago de las retenciones de IRPF correspondientes a noviembre, que se harán efectivas el 20 de enero junto con las de diciembre, por una cantidad que desde la Generalitat no se supo precisar.
Según se reconoció desde la Consejería de Economía, el retraso no implicará sanción o cobro de intereses. Ante la casi segura perspectiva de que la situación de caja no mejore, la Generalitat negocia la posibilidad de aplazar un mes el pago de las cotizaciones sociales de octubre, que debían abonarse el 31 de diciembre.
A, Gubern
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Félix Velasco

lunes, 19 de diciembre de 2011

El bien del trabajo

Repasando la historia contemporánea de España podemos observar una repetida serie de bancarrotas, esfuerzos más o menos productivos por poner orden en la Hacienda, moderados resurgimientos… Los periodos de prosperidad y cierto progreso social condigno no nos duran nunca tanto como quisiéramos. Cuando empezamos a respirar, la economía atrapa un garrotillo que nos deja temblando. Desde el siglo XVIII, por no ir más atrás, España tiene un problema estructural de pobreza, o de falta de trabajo –lo que en la mayoría de las ocasiones viene a ser lo mismo–, al que ya se enfrentaron en su tiempo los ministros «ilustrados» y los gobiernos liberales del XIX. En 1935, de una población de 11 millones de españoles, sólo 3 millones contaban con recursos suficientes para llevar un nivel de vida confortable, o elevado. Los 8 millones restantes eran campesinos sin tierra, aparceros, obreros… La pobreza ha estado en la base de las inquietudes «revolucionarias» de las masas depauperadas. España se sumó tarde, aunque a su manera, al invento del «Estado de Bienestar», no participó en las guerras mundiales y fue ajena a los esfuerzos de las potencias europeas por calmar con «beneficios sociales» a una población exhausta por las contiendas bélicas y las recesiones. Da la impresión de que la vieja Europa siempre supo que el trabajo es el privilegio principal del Estado del Bienestar, mientras España se ha contentado con subsidiar el desempleo y aceptarlo como lacra histórica. En el siglo XXI, el trabajo será uno de los bienes más escasos. La mundialización de la economía, la crisis de deuda y nuestros propios defectos en el mercado laboral agudizarán el problema del paro estructural. Necesitaremos mucha imaginación para salir airosos de ésta. (Pero se puede). 
Ángela Vallvey 
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Formidable antología

Me irrita la falta de generosidad de los periódicos con los aciertos de la competencia. Hoy, no tengo más remedio que felicitar a la «Crónica» de «El Mundo» por su antología de frases de Zapatero. Reunidas, conforman el retrato de un insensato, un mentiroso y un humorista involuntario. «La Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento» (17/12/2009) es el pensamiento que le lleva, dos años más tarde, a anunciar su futuro: «El mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca». Le deseamos desde aquí una larga y fructífera supervisión. Insuperable su referencia a Obama: «La cuestión no es qué puede hacer Obama por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por Obama» (30/7/2009). Durante el año 2005, Zapatero es Supermán. «Somos la envidia de Europa, y en pocos años vamos a ser un país de primera división en el mundo». (19/12/2005). En el año 2006, su fuerza visionaria es ya invencible: «Hoy estamos mejor que hace un año. Pero dentro de un año estaremos aún mejor». No obstante, es en el año 2007, con todas las naciones serias adoptando medidas drásticas para combatir la crisis económica, cuando surge el Zapatero insuperable, el chocholo de barra de bar: «Lo enunciaré de forma sencilla pero ambiciosa. La próxima Legislatura lograremos el pleno empleo en España». Vuelvan hacia atrás la lectura y repitan la frase. La pronunció el 3 de julio de 2007. También ese mismo año, el 16 de octubre: «No hay atisbo de recesión económica. La economía española tiene muy buenos fundamentos».
Extraordinaria precisión de un excepcional Presidente. Claro que el año 2007 lo había principiado con una revelación asombrosa, emitida el 15 de enero. «Vamos a superar a Alemania en renta per cápita. Es que el crecimiento de España está en el 4%, creando empleo. Sólo con esa cifra, uno, como Presidente de Gobierno, se siente ya absolutamente reconfortado en el balance de su actuación». En el año 2008, desprecia, denuncia y arremete contra los que le hablan de la crisis. El 14 de enero: «La crisis es una falacia. Puro catastrofismo». Crecen los parados hasta los cuatro millones, pero Zapatero tiene su versión: «No son parados. Son personas que se han apuntado al paro» (7 de febrero de 2008). Y el 5 de julio de aquel desastroso año para España, Zapatero nos sonríe: «Ser optimistas es algo más que un acto de racionalidad: Es una exigencia moral, un rasgo de decencia, y si me lo permitís, hasta de elegancia». Elegantísimo. El año 2009, de acuerdo con sus frases, es el año que dedica al calor familiar. En una misma entrevista, publicada el 31 de mayo, se refiere a su mujer e hijas. «En mi vida personal, lo que más me emociona es la mirada cómplice de Sonsoles». Nada que objetar, porque las miradas cómplices son muy importantes. Pero la utilidad de su famoso «talante» queda en entredicho con este segundo reconocimiento:
«También aplico la política del talante en la educación de mis hijas». Lo comprobó el matrimonio Obama. El 21 de febrero de 2010, nos tranquiliza: «Conmigo de Presidente, jamás habrá en este país recortes sociales». Y animado por su exuberante feminismo, nos anuncia a los varones tiempos de trances difíciles: «Acabaré con siglos de dominación del hombre» ( 28 de marzo de 2010).
El 3 de abril de 2011, se muestra plenamente respetuoso con la democracia interna del PSOE: «No nos gusta el dedazo». Pero la frase excelsa, la guinda, el colofón genial, nos la regala el 3 de marzo de 2011, año de su desaparición política para siempre: «¡No sabéis cómo se puede disfrutar de la democracia! En mi caso, llegué a ser Presidente del Gobierno». Así era.
Alfonso Ussía
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Félix Velasco

sábado, 17 de diciembre de 2011

Los políticos españoles generan 325.000 millones de deuda desde que comenzó la crisis

A finales del año 2007, las administraciones públicas españoles debían 381.401 millones de euros. En ese momento, comenzaban a verse los primeros signos de la crisis económica más importante de las últimas décadas. Las familias y las empresas españolas tomaron nota rápidamente: cerraron los negocios improductivos, cayó el crédito al sector privado y aumentó el ahorro. Había que adaptarse a las nuevas circunstancias, con un planteamiento más austero que permitiera pagar las deudas contraídas durante el boom y sirviera de acopio con el que encarar el futuro.
Evidentemente, esta lógica no se aplica a la clase política. Los gobernantes españoles decidieron que con ellos no iba eso de la austeridad, el ahorro y la contención del gasto. Al fin y al cabo, el dinero no era suyo, así que podían derrochar con alegría. Por eso, desde el 31 de diciembre de 2007 hasta el pasado mes de septiembre, la deuda de las administraciones públicas ha aumentado en casi 325.000 millones. De hecho, según los datos del Banco de España conocidos este viernes, entre Gobierno central, comunidades autónomas y entidades locales deben 706.340 millones de euros.
Con unas cifras tan grandes, es difícil perderse. Nadie se imagina con precisión qué significan 325.000 millones más de deuda. Además, el discurso político suele difuminar las responsabilidades, se le echa la culpa a la crisis, a la coyuntura internacional o al aumento del gasto social (prestaciones por desempleo, pensiones, etc...). Nunca se admite que es el despilfarro de las administraciones el que provoca esta situación y que esto puede comprobarse fácilmente viendo como algunos gobiernos sí mantienen una línea de control del gasto mientras otros caen en los números rojos y dejan a sus regiones, ciudades o países al borde de la quiebra.
Por ejemplo, en España, el Estado central debía 292.000 millones en 2007 y debe 534.000 millones ahora, un incremento del 82%. Mientras, las autonomías debían algo más de 60.000 millones y ahora adeudan 135.000, lo que supone una subida del 125%. Las corporaciones locales, por su parte, pasan de 29.400 millones a 36.700, un 25% más. Esto quiere decir que son los gobiernos regionales los que más han incrementado sus números rojos, aunque los gastos más asociados al ciclo económico (como las prestaciones por desempleo) son competencia del Gobierno central.
Para aquellos que no se hagan una idea de la gravedad de este despilfarro, lo más sencillo es pasar los datos a cifras más cercanas. Por ejemplo: si dividimos los 325.000 millones de deuda entre los 16,3 millones de hogares que hay en España, nos sale una cifra de 19.578 euros de deuda para cada familia. Si tomamos sólo a los 18.156.000 trabajadores, a cada uno le tocan 17.900 euros de deuda. Y si sólo cogemos al sector privado (el que genera riqueza, puesto que todos los ingresos de la administración llegan a través de impuestos o tasas), sus 14.936.000 empleados deben desde 2007 21.760 euros más por cabeza.
No son cifras para tomar a la ligera. La deuda total es más o menos el doble. Por lo tanto, cada hogar español debe casi 40.000 euros gracias al Estado. La mayoría de los ciudadanos no lo saben. Lo tendrán que pagar con sus impuestos de años venideros. Pero que no esté en su extracto bancario, no hace a esta deuda menos real.
Todas las generalizaciones son injustas. Cuando decimos que los políticos han dilapidado la riqueza de sus contribuyentes, hay que aclarar que no todos son iguales. Algunos, han sido más derrochadores que otros. Merece la pena destacar a aquellos que mejor han cuidado de las finanzas de su administración y señalar a los que han dejado las arcas vacías e hipotecadas para el futuro. De esta manera, Esperanza Aguirre y José Ramón Bauzá demuestran cada día que no creen aquello de que "el dinero público no es de nadie". Del mismo modo, José Luis Rodríguez Zapatero, José Montilla o José Ramón Barreda deberían dar explicaciones por lo que han hecho con los presupuestos de sus negociados.
Esperanza Aguirre, líder en austeridad: la Comunidad de Madrid ha sido la autonomía que menos ha incrementado su deuda desde 2007. Entonces, suponía el 5,4% del PIB regional, ahora alcanza el 7,9%, una subida del 2,5% (le siguen Andalucía y Canarias con incrementos del 4,5%, casi el doble). Esta austeridad ha convertido a la región de Esperanza Aguirre en la líder en porcentaje de deuda del país.
José Ramón Bauzá, cambio de tendencia: el Gobierno balear del PSOE pasó de una deuda pública del 6,9% en 2007 al 17,1% en la primavera de este año. Fue el tercer ejecutivo más derrochador durante la crisis. Entonces, tuvieron lugar las elecciones autonómicas y llegó José Ramón Bauzá a la Presidencia. En este último trimestre, Baleares es la única comunidad que ve una reducción significativa de su deuda (0,3%). Es un paso meritorio y corresponde a un equipo que ha llegado con las ideas claras: menos intervencionismo y menos gasto.
José Luis Rodríguez Zapatero, el principal responsable: evidentemente, si alguien tiene responsabilidad en esta deriva es el ocupante de La Moncloa. No sólo el Estado central ha disparado su deuda un 82%, como veíamos arriba, sino que ha permitido a las regiones hacer lo propio con la suya, dándoles una manga ancha que algunos han aprovechado en perjuicio de sus ciudadanos.
José Montilla, una región en quiebra: Cataluña se está llevando la palma este otoño en cuanto a noticias sobre recortes, deuda disparada y necesidades de financiación. Más allá de que el nuevo Gobierno de CiU pretenda esconderse detrás de su predecesor para no tomar medidas impopulares (también es habitual echarle la culpa al Estado, por supuesto), es cierto que la gestión económica del tripartito liderado por José Montilla deja mucho que desear. La deuda pública catalana es ahora mismo del 19,7%, la segunda más alta tras la de Valencia, y ha crecido en más de 12 puntos desde 2007. De hecho, ya hay anuncios de retrasos en los pagos y recortes en cuestiones muy sensibles: Cataluña es prácticamente una región en quiebra. Ahora, le tocará a Artur Mas lidiar con esta herencia. Eso sí, lleva un año en el cargo y por ahora ha habido más quejas que soluciones. De su capacidad para salir del paso, dependerá el juicio a su labor.
José María Barreda, el gran derrochador: pero si alguien se lleva la palma en cuanto a despilfarro, ése es José María Barreda, que se encontró en 2004 una deuda del 3% y se va con el 18,3%. De hecho, los números rojos de Castilla-la Mancha han crecido un 1% desde que su sucesora tomó posesión y no precisamente porque el nuevo Gobierno no haya emprendido un acelerado plan de recortes del gasto, sino porque las cifras ocultas de la deuda eran incluso superiores a las conocidas.
D. Soriano
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La insostenibilidad de las cuentas autonómicas

La cuerda sobre la que se sostienen a duras penas las finanzas de varias comunidades autónomas está a punto de resquebrajarse.
La cuerda sobre la que se sostienen a duras penas las finanzas de varias comunidades autónomas está a punto de resquebrajarse.
El manido recurso al endeudamiento ante la brutal caída de la recaudación provocada por la crisis y las abultadas estructuras de gasto que los gobiernos regionales han edificado durante décadas han tensionado hasta tal punto la tesorería de autonomías como Cataluña, Valencia o Castilla-La Mancha, entre otras, que la amenaza del colapso parece más cercana que nunca.
La Generalitat catalana ha tenido que aplazar parte de los pagos a sus empleados (ya lo hacía con los proveedores) ante su incapacidad para obtener los 1.700 millones de euros que necesita para cerrar el año. La excusa de última hora de que el Gobierno nacional no ha cumplido con la transferencia prometida de 760 millones en concepto de pago por las infraestructuras no resulta creíble, puesto que ese dinero en todo caso no debería destinarse a pagar nóminas, como pretendía la administración regional.
El drama es que Cataluña ha sido hasta ahora la comunidad más valiente a la hora de emprender los necesarios recortes del gasto –más por necesidad que por firme convicción–, pero sus resultados distan mucho de los esperados. Al cierre del pasado mes de junio, en la tesorería de la Generalitat catalana sólo había 19 millones. Mientras tanto, su homóloga valenciana afronta su via crucis particular.
Tras sumarse alegremente el año pasado a la fiebre de la emisión de bonos patrióticos iniciada por Cataluña, ahora, cuando toca renovar esta deuda, la Generalitat que preside Alberto Fabra se está mostrando incapaz de conseguir la financiación minorista necesaria. Por eso, se ha visto forzada a negociar con la banca y el ICO préstamos para salvar esta situación y, de paso, afrontar también el pago de las facturas pendientes a los proveedores, que ascienden a 2.400 millones.
El agujero financiero de las comunidades autónomas será una de las patatas calientes que deberá gestionar el nuevo Gobierno a partir de la semana que viene. Pese a los anuncios de reducción del gasto, la deuda de los gobiernos regionales siguió aumentando en el tercer trimestre, un 22% más que en 2010, en parte también por los mayores costes de financiación. Pero precisamente porque es insostenible mantener unas administraciones públicas tan endeudadas aumenta la urgencia de desmontar el andamiaje creado por el Estado autonómico.
El parche con que ayer se despidió el Ejecutivo de Zapatero –4.500 millones extra a las autonomías para que paguen nóminas y adelanto de los pagos a cuenta a los ayuntamientos– es el colofón a una etapa negra en la historia económica de España que no debe repetirse.Editorial Expansión
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domingo, 11 de diciembre de 2011

viernes, 9 de diciembre de 2011

El sueño de la tasa universal

Es evidente que van a subir los impuestos, todos ellos; incluso se crearán otros nuevos. La palabra "impuesto" no vende bien, porque es algo que se impone. Así que, en lugar de tocar los impuestos, van a subir las tasas y crear otras nuevas. La tasa significa que el contribuyente solo paga cuando utiliza un servicio público. Como los servicios se utilizan de forma general, las tasas sustituyen ventajosamente a los impuestos desde la perspectiva del Fisco voraz. El problema con muchas tasas es que su gestión puede resultar muy cara. Por ejemplo, a alguien se le ha ocurrido poner una tasa a los automovilistas según los kilómetros que hacen al coche. De esa forma parece más justo que la construcción y conservación de las carreteras se pague más por los que más las usan. Naturalmente, esa tasa sería un poco injusta para los transportistas y viajantes. Pero sobre todo la gestión de esa tasa sería muy onerosa. Sería muy difícil de aplicarla a los extranjeros. En su día fracasó, por esa razón de la dificultad de gestionarla, la tasa por la posesión de un televisor. Acabarán por poner una tasa a la utilización de playas y riberas. Una de las cosas buenas que hicieron los liberales españoles del siglo XIX fue considerar que las playas, costas y riberas eran de dominio público. Luego ha venido la picaresca y la corrupción, pero esa es otra historia. De momento, sigue rigiendo el principio que digo. En los Estados Unidos las playas pueden ser privatizadas. Es algo que no me gusta de los americanos. Mi yanquifilia tiene un límite. Tampoco me gusta la pena de muerte o el derecho a portar armas. Sigo. Otra idea nefasta es volver al pasado al poner portazgos y peajes en todas las carreteras y puentes.Un horror. En su día funcionarios las casetas de consumos a la entrada de las ciudades. Hoy sería imposible poner una cosa así, porque la entrada a las ciudades no es a través de una puerta. Esa era la función de la Puerta de Alcalá y tantas otras: cobrar la alcabala o tasa de consumos. Espero no darles más ideas. Sin embargo, algunas tasas, como la de los transportes públicos o el copago (horrorosa palabra) en la sanidad pública tienen bastante sentido. No es bueno que todos los servicios públicos sean gratis. Al final la gratuidad se paga por otro sitio. Lo que irrita es el eufemismo. Por ejemplo, llamar al copago "tique moderador". Una forma encubierta de tasa es la multa,sobre todo si se abusa en su intensidad, y la tasa de aparcamiento. En Madrid la llamamos "gallardón". Hay mil tasas más, disfrazadas con nombres extravagantes. La ventaja para el Fisco es que la subida de las tasas no tiene por qué aprobarla el Congreso de los Diputados. Es decir, más que tasas son arbitrios, muchas veces arbitristas. Espero que no se les ocurra poner una tasa por disfrutar del paisaje. Al tiempo que esto escribo, me solazo con la vista de la Sierra de Guadarrama, con los picos ya nevados. Confío en que nadie recoja esa idea de tasar la contemplación del paisaje.
Una iniciativa a caballo entre la tasa y el impuesto es el llamado impuesto finalista. Por ejemplo, una parte del impuesto de carburantes puede ir para la lucha contra el cáncer. La idea es mala. Precisamente la gran utilidad del impuesto es que no sea finalista sino generalista. Las tasas suelen ser también finalistas. Mala cosa. Aunque nos pueda resultar molesto, el impuesto personal (IRPF) es el más justo, sobre todo si se lograra que los verdaderamente ricos no pudieran evadirlo legalmente a través de las sociedades mercantiles. Al final, el impuesto más equitativo es el que tiende a rebajarlo. Vale
Amando de Miguel
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Lo del cambio climático

He ahí uno de los mitos de nuestro tiempo. El mito es una fantasía o una leyenda que genera mucha tranquilidad si se cree en él. El problema es que esa creencia puede llevar a decisiones erróneas o contraproducentes. Lo de "cambio climático" es casi un pleonasmo, pues el clima siempre está cambiando, por definición. Hay ritmos a cortísimo plazo (los que nos señalan los mapas del tiempo atmosférico), a plazo corto (las estaciones), a largo (años buenos y malos) y a larguísimo. Esos últimos son de difícil medición. Sabemos que en la Edad Media la temperatura del hemisferio Norte fue alta. Recordemos que Groenlandia quiere decir "Tierra Verde" porque allí los vikingos encontraron amenas praderas. A partir de entonces comenzó un lento proceso de enfriamiento de la Tierra (por lo menos en el hemisferio Norte; del Sur no tenemos constancia). El ápice llegó en el siglo XVII, en el que se produjo una "pequeña glaciación" en toda Europa. Desde entonces la Tierra se vuelve a calentar, suavemente, hasta llegar al siglo XXI, en el que las temperaturas vuelven a ser altas. En esos procesos cíclicos apenas interviene la mano del hombre, la industria. Es una pretensión de soberbia creer que nuestras fábricas o nuestros automóviles calientan el Planeta. En todo caso habrá situaciones de calentamiento local, de contaminación. Pero, por ejemplo, la contaminación de la ciudad de Madrid era mayor en el siglo XIX que ahora mismo. Entonces se cocinaba con carbón, que es más contaminante que el gasóleo. Además, estaba la contaminación de los animales en la ciudad y la acumulación de basuras.
¿Por qué se difunde una creencia tan errónea como el calentamiento global? Porque es el interés fundamental de un poderoso grupo de presión, el de los ecologistas o verdes. No les importa tanto llegar al poder como disfrutar de pingües subvenciones por parte de todos los poderes, públicos y privados. Para ello procuran que la población esté amedrentada. El miedo al calentamiento global (caso de producirse) tampoco sería una tragedia. Los osos polares sufritían muchísimo, pero las ovejas podían pastar en Siberia o en Groenladia. Pero no hay que temer cambios tan drásticos. Es cuestión de esperar unos cuantos siglos mnás y la Tierra volverá a enfriarse otra vez. Así, de forma cíclica, hasta el final de los tiempos de esta galaxia. Para entonces, nuestros descendientes se habrán ido a vivir a la galaxia vecina, Abdrómeda, que parece mucho más joven. Seguramente, el universo entero que conocemos algún día se colapsará, pero hay otros muchos universos. Vale.
Amando de Miguel
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jueves, 8 de diciembre de 2011

Se resquebraja el imperio

Existe en el mundo de lo metafórico un territorio, no muy vasto pero sí muy próspero, conquistado desde hace tres siglos al absolutismo y la arbitrariedad gracias a la visión, convertida en gigantesco esfuerzo, de una cuantas personas. Sus fronteras no siempre aparecen claramente marcadas en los mapas, aunque desde la honradez intelectual resulta sencillo identificarlas. Lo llaman el Imperio de la Ley. España forma parte de él desde el año 1978, en calidad de miembro de pleno derecho, aunque últimamente se abran fallas en nuestro país que resquebrajan el suelo y amenazan con provocar nuestra expulsión de ese Edén.
No me refiero únicamente a las grietas económicas por las que se cuelan los dineros de muchos ahorradores, poco dispuestos a permitir que nuestra indisciplina, despilfarro e inflación de sector público se traguen los frutos de su trabajo, sujetos a las reglas del mercado libre que tan buenos resultados dan a quienes las cumplen escrupulosamente. Ni siquiera creo que sean ésas las más peligrosas con vistas a la solidez de los preceptos sobre los que se asienta la comunidad selecta de naciones a la que me refiero. Lo que más me preocupa es precisamente lo que permanece oscuro o a media luz, porque lo que no se ve no se arregla hasta que resulta ser demasiado tarde.
El Imperio de la Ley se tambalea cuando el gobierno y sus funcionarios, en las múltiples administraciones, abusan de sus cargos con el fin de enriquecerse o favorecer a sus amigos. (Hay tantos casos flagrantes que huelga enumerarlos.) Cuando el gobierno o sus funcionarios mienten sin pudor ni castigo sobre asuntos tan graves como la negociación con una banda terrorista cuyos sicarios reciben un trato de privilegio con respecto a delincuentes comunes, sin ni siquiera abandonar las armas o cesar en sus amenazas y extorsiones. Cuando el Gobierno o sus funcionarios entierran el principio democrático sagrado de la separación de poderes para adueñarse del Tribunal Constitucional y, desde esa trinchera, aniquilar el espíritu y la letra de la Ley de Partidos o de la mismísima Carta magna (Cataluña). Cuando el gobierno o sus funcionarios desisten de su obligación de velar por la salvaguarda de la propiedad privada, piedra angular de una sociedad de ciudadanos libres, permitiendo que cuadrillas más o menos organizadas okupen (con k de insumisos a la ortografía y la autoridad) edificios de viviendas o servicios, impunemente, mientras ese mismo gobierno y sus funcionarios actúan sin piedad contra quien aparca mal su coche en la vía pública. Cuando el gobierno o sus funcionarios, en suma, ponen mayor empeño en proteger a los victimarios que a sus víctimas.
Llegado el momento de evaluar en toda su dimensión el legado de José Luis Rodríguez Zapatero, tal como decía el pasado martes José Bono al celebrar la Constitución, escarnecida una y otra vez por el presidente saliente, lo que marcará en letras de sangre su gestión será esta quiebra recurrente del sistema de valores que hacía de España un leal súbdito del imperio sometido a la legalidad, entendida como sinónimo de justicia. Antes de él hubo desgarros, por supuesto, y después de él los habrá. Pero nunca como ahora en tantos frentes de tamaña gravedad.
Isabel San Sebastián
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sábado, 3 de diciembre de 2011

La aversión (del político) a las reglas (2ª parte)

Desde la 2ª Guerra Mundial los poderes públicos se han ido haciendo progresivamente garantes de los derechos sociales (siempre crecientes) a favor de sus ciudadanos, han ido buscando la nivelación económica, la seguridad y la estabilidad en el empleo, el establecimiento de estabilizadores automáticos, el mantener la demanda agregada, etc. Poco a poco la actividad del Estado ha ido encargándose también de la asistencia sanitaria, la educación, la regulación del trabajo, el salario mínimo, el subsidio por desempleo, la jubilación, el fomento de ciertas industrias... para luego extender su radio de acción sobre la cultura, las políticas activas de empleo, la vivienda digna, la protección al medio ambiente, la dependencia de los ancianos, la igualdad de trato, etc. A todo ello hay que darle un sustrato jurídico, una dotación presupuestaria y un desarrollo reglamentario que dañará, a la postre, las reglas de convivencia, pues para conseguir aquellos fines colectivos se acabará yendo inexorablemente contra la libertad y hacienda de los más productivos.
Ante la avalancha de mandatos, normas finalistas y sus bandazos regulatorios, el ciudadano permanece paralizado ante la eventualidad de incurrir en cualquier infracción, el empresario a la espera de autorizaciones administrativas y dedicando sus escasos recursos a satisfacer los deseos del legislador, en vez de innovar y trabajar para las preferencias del cliente y, por último, el inversor quedará espantado. Los costes de este régimen de incertidumbre para el interés general son incalculables.
El derecho no debería nunca adecuarse a la política, es la política la que ha de ser adecuada al derecho. Esto no deja de ser hoy un desiderátum, la realidad es justo la contraria. El mantenimiento del extenso y complejo entramado de relaciones que implican las modernas sociedades abiertas pende de un hilo –cual espada de Damocles– con cada iniciativa que se le ocurra al gobernante de turno y la consiga introducir en el ordenamiento jurídico.
El legislador actual impone compulsivamente objetivos comunes a todos. Esto es impracticable en un orden extenso a no ser que se pretenda minarlo antes o después. La cuestión de fondo es saber cómo podemos vivir juntos en una sociedad repleta de personas que se mueven por distintas opiniones, creencias, intereses y fines muy diversos. Para ello, hay que sustituir el anhelo afectivo de lo "social" por el estricto respeto a las meras reglas de procedimiento y por un constante empeño por mejorar la definición de los derechos de propiedad y sus garantías, es decir, por el marco jurídico de una sociedad fértil y libre. Las insistentes pretensiones de justicia social que cada dirigente imponga o mantenga, a pesar de las buenas intenciones, pueden malograr a largo plazo la sociedad abierta.
Hay muchas formas de vivir, pero son pocas las formas de vivir pacífica y prósperamente. Frente a la crisis actual del sobreendeudado Estado moderno, una de las formas verdaderamente claves de organizarse la sociedad es conforme al equilibrio presupuestario y a los principios del Estado de Derecho clásico. La socialdemocracia actual y su Estado de bienestar, su inflación, su protección de grupos organizados y su indisciplina presupuestaria no podrán sobrevivir sin una permanente regulación. Una sociedad libre, por el contrario, no podrá nunca hacerlo sin la Ley. El mercado libre y la Ley nacen (y mueren) juntos.
Francisco Moreno
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