domingo, 3 de julio de 2011

La insolencia digital

La publicación del último informe Pisa ha puesto de relieve que los jóvenes españoles no saben utilizar internet, a resultas de su dificultad para leer los contenidos que diariamente manejan y de la consiguiente ausencia de criterios que demuestran a la hora de discriminarlos. Si una de las principales rémoras de la educación española –no terminada de resolver en décadas marcadas por la sucesión de diferentes modelos educativos- ha sido las bajas tasas de lectura que identifican el «desapego cultural» de la población autóctona, ahora, en plenitud de desarrollo de los entornos digitales, llama poderosamente la atención que el problema vuelve a repetirse. Y esto, se mire desde el punto de vista que se quiere, evidencia que el problema no radica en la naturaleza del soporte seleccionado, sino en una cuestión competencial: los jóvenes españoles siguen sin tener el bagaje suficiente como para establecer criterios de selección que permitan su desenvolvimiento exitoso en un contexto presidido por la máxima exigencia interpretativa. Con todo ello, una de las principales conclusiones que cabe establecer de los resultados arrojados por este informe desborda el perímetro de las consideraciones realizadas hasta el momento. Desde hace años, la teoría cultural y política de raigambre más activista defiende con fervor las posibilidades dispensadas por internet como un espacio libre de «elienaciones», y desde el que gestar procesos críticos de profundo calado. A simple vista, nada hay que objetar a este a priori, fundamentado en tantos y tantos ejemplos relacionados con el cambio de paradigma de consumo que preside esta primera década del siglo XXI. El problema es que resulta muy difícil casar la incapacidad de los usuarios para valorar en su justa medida los contenidos que manejar con el surgimiento de un espíritu crítico que, desde luego, requiere de rigor y capacidad de matización. Formulado en otros términos: ¿cómo internet se va a convertir en el germen de las nuevas revoluciones si aquéllos que conforman su «población nativa» no poseen las competencias suficientes para entender lo que están leyendo? El sinsentido y la paradoja que subyacen en esta interrogante es tal, que obliga necesariamente a poner entre paréntesis toda experiencia que provenga desde cualquier tipo de región digital. Por lo menos mientras el nivel competencial de sus usuarios no mejore ostensiblemente.
Alberto Cruz Sánchez
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Félix Velasco

ONU Mujeres

YA es difícil de explicar, además de imposible de entender, que una personita del perfil y la experiencia de Bibiana Aído llegara a ser ministra en el Gobierno de España. Ni la partitocracia numantina que practican con tanto entusiasmo, al alimón, el PSOE y el PP sirve para razonar una ascensión tan vertiginosa de alguien cuyos méritos políticos, académicos, cívicos o de cualquier otra naturaleza están por debajo de la media de los de millones de españoles beneficiados por los estudios de rango superior. Tampoco entra en el capítulo de lo fácilmente asimilable que la tal Aído, designada como ministra, mermara, de la noche a la mañana y sin amago alguno de protesta o dimisión, a la también excesiva condición de secretaria de Estado; pero así son, y así brillan, las mañas políticas de José Luis Rodríguez Zapatero y su cómplice principal y mejor cualificado Alfredo Pérez Rubalcaba.
El Gobierno se empeñó en que Aído tuviera cargo y sueldo en la entidad de nueva planta y crecido presupuesto, obra querida de Ban Ki-moon, ONU Mujeres y, no sin esfuerzo y gasto, consiguió para ella un puesto de asesora, canonjía dotada con cien mil euros anuales. El ABC de ayer —véase— pormenorizaba los detalles de tan poco sutil designación y tan burda entronización. También hay que anotar en la lista de lo inexplicable la falta de crítica del PP, y de los demás partidos del espectro, ante tan caprichosa decisión; pero, sobre todo, habría que conocer el argumento por el que España respaldó, el año pasado, la creación de esta nueva entidad de las Naciones Unidas que, desde septiembre, preside la que fue presidenta de Chile, Michelle Bachellet. Más todavía, por qué nuestro país, tieso como la mojama, se permite dotar a tan innecesaria entidad, con cargo al Presupuesto de 2011, y de momento, con más de 25 millones de euros. Noruega, en donde atan los perros con bacalao, es con 15 millones el segundo contribuyente para el sostenimiento de tan inútil oficina.
Así se va escribiendo la Historia, sin mucho alboroto para evitar la excitación colectiva que merecen el desmán y el despilfarro de quienes gobiernan o les socorren con sus silencios desde las trincheras dizque la oposición. España contribuye a ONU Mujeres —UN Woman— con una cantidad anual que es cuatro veces mayor que la aportada por EE.UU., doce veces más elevada que la de Alemania y setenta y cinco veces la de Francia. Ni la ligereza con que Zapatero y su equipo se enfrentan al gasto público sirve para justificar este capítulo del despilfarro nacional; pero, sobre todo, ¿qué puñetera falta le hace al mundo un engendro semejante?
Manuel Martín Ferrand
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sábado, 2 de julio de 2011

Aído cobrará 100.000 euros anuales en su en la ONU

A pesar de la crisis económica, España sigue siendo con mucha diferencia el mayor donante de la organización ONU Mujeres. De hecho, en los últimos seis años ha destinado a Naciones Unidas para programas relacionados con la mujer un total de 225 millones de euros. En los dos últimos, hasta 33 millones. Sin embargo, no ha conseguido la presidencia de este organismo, que recayó en la chilena Michelle Bachelet. Chile, de hecho, tan sólo ha donado 26.000 euros.
Según informa ABC este sábado, Bibiana Aído tendrá el sueldo correspondiente a la categoría de los cargos llamados P-5, unos de los de menor nivel pese a la enorme aportación española. Pero la que fuera ministra de Igualdad cobrará por ser asesora de ONU mujeres un sueldo que oscilará entre los 11.000 y los 15.000 dólares mensuales (entre 7.500 y 10.300 euros), a lo que además habría que añadir complementos. En total, Aído podría cobrar unos 100.000 euros anuales.
De esta forma, la que fuera ministra de Igualdad hasta la última remodelación del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en 2010, abordará la defensa de la mujer desde su nuevo cargo de asesora directa en el organismo que preside Ban Ki-moon.
Aído, gaditana de 34 años, se puso al frente del Ministerio de Igualdad en 2008, desde el que impulsó nuevas leyes y políticas en defensa de la mujer y de la igualdad de género e incorporó la perspectiva de género en diversos foros internacionales de alto nivel como el Observatorio Europeo contra la violencia de género.
Libertad Digital
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miércoles, 29 de junio de 2011

Prueba de coche

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Osborne abre la tienda de productos del Toro


Grupo Osborne inaugurará este jueves en Madrid la primera tienda de productos con la emblemática imagen del toro, que está ubicada en la céntrica calle Preciados y que será explotada bajo el régimen de franquicia con el nombre de 'Toro by Osborne'.
Con esta nueva línea de negocio, la compañía comercializará artículos con la marca Toro en establecimientos franquiciados que prevé abrir en distintas ciudades españolas.
En concreto, se venderán productos textiles, de hogar, regalos y complementos, entre otros, según informó el grupo, que desde el año pasado tiene en marcha una tienda 'online' de productos del Toro.
Osborne comenzó a explotar la imagen del toro que representa su marca a principios de 2009 para capturar el negocio existente, al tiempo que "prestigia" su marca y refuerza la lucha contra el fraude.
Europa Press
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martes, 28 de junio de 2011

El pésimo estado de la Nación


España atraviesa la peor crisis económica, política, social e institucional de los últimos cincuenta años. Apenas queda algo que funcione dentro del país. Los problemas, muchos de los cuales se arrastran desde hace décadas, han irrumpido todos de golpe espoleados por la debacle económica. No hay un solo indicador al que agarrarse para recobrar la confianza. El país navega sin rumbo vapuleado por elementos que nadie acierta a controlar.
Asistimos impávidos desde hace tres años a como España se desintegra económicamente. El desempleo alcanza ya máximos históricos y bordea la fatídica cifra de cinco millones de desempleados. La inversión ha caído en picado y nadie parece dispuesto a crear riqueza dentro de nuestras fronteras. Las empresas cierran y apenas abren nuevas. Los jóvenes, víctimas de un sistema educativo ideologizado e ineficiente que hace aguas por los cuatro costados, han perdido ya toda esperanza de encontrar un empleo. Los mayores ven como su jubilación corre riesgo de esfumarse.
El Estado, por su parte, ha dilapidado ya los excedentes de las vacas gordas y ha incurrido en deudas en el extranjero que, más pronto que tarde, tendrá que devolver con el dinero de los contribuyentes, asfixiados por una presión fiscal desbocada que no hace sino aumentar. El Gobierno, lejos de aplicar el sentido común y la moderación cuando llegó al poder al principio de la crisis, ha hecho todo lo posible por arruinar al país en un tiempo récord de solo tres años. Hoy, quemadas las naves y con el PSOE en franca retirada electoral, se aferra al poder impidiendo una necesaria renovación que no puede venir sino es a través de unas elecciones generales.
Pero el drama español es mucho más que económico. Las instituciones, empezando por el Tribunal Constitucional, están muy desacreditadas. La Justicia en su conjunto atraviesa una crisis aguda provocada por la politización y la falta crónica de fondos. El epítome de esta dolencia se condensa en la sentencia que devolvió a la ETA a los ayuntamientos y las Juntas provinciales del País Vasco en la figura de Bildu, una coalición de nuevo cuño tras la que se escondieron los batasunos de siempre. Sin más necesidad que la obsesión de Zapatero por negociar con los asesinos, se han retrocedido diez años en la lucha antiterrorista.
El estado de nuestra Nación es, en definitiva, deplorable. Urge, más que un debate, un replanteamiento de fondo, una revisión completa al sistema del 78 que devuelva la cordura al país y la serenidad a sus habitantes. No deberíamos bajo ningún concepto esperar a que la situación implosione como ha sucedido en Grecia. Pero para ello Zapatero y todo su Gobierno deben irse de inmediato y convocar elecciones anticipadas. Las consecuencias de no hacerlo, de seguir burlándonos de nuestros acreedores internacionales, podrían ser desastrosas.
Libertad Digital
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lunes, 27 de junio de 2011

Prófugos de la Casa Usher

Esto es el fin, muchachos. Hasta aquí hemos llegado. Ahora, se acabó el chollo. Como una desierta mansión a punto de desmoronarse, sólo criadero de telaraña y polvo, sólo oquedad donde la voz rebota sin respuesta, así es el Estado hoy en España: ausencia. No de Gobierno. No sólo. La ausencia de Gobierno es trivial y aun deseable. Siempre que los engranajes del Estado giren: así Bélgica, donde las cosas van tirando, si no mejor al menos no peor, al cabo ya de un año de interregno. El drama español nace de haber constatado hasta qué punto lo trazado en la transición era un no-Estado. Y cómo, llegado el momento de emergencia —único en el cual un Estado se hace de verdad imprescindible—, nada hay a lo cual echar mano para contener el desguace. No hay una sola articulación institucional que no cruja. Ni una norma legal que no esté supeditada al arbitrio voraz de los poderes locales. Y los lectores de Edgar Allan Poe se despiertan en un fiel remedo de la «Casa Usher», este edificio fantasmal que ahora agoniza con todos sus habitantes dentro. Y hay que evocar la brillantez cínica del más grande de los diplomáticos florentinos del Renacimiento: no es gran cosa que un país muera, todo en este mundo es efímero, las naciones también; lo fastidioso es que la nación se te caiga encima. Difícilmente sobrevive nadie a ese cataclismo.
Y todos huyen. Es bien lógico. ¿Quién podría reprochárselo? Moratinos se afanó sin exito en prolongar en la FAO la cadena de minuciosos desastres con los cuales contribuyó a hacer de un país que hasta entonces era Europa tercer mundo. Aído, de flamenco en hilaridad de género, va a desembocar ahora en una bonita sinecura de corrección política en la ONU. Puede caerse el Estado, ¿qué más da, siempre que el sueldo de quienes gobernaron sobreviva? La carrera de ministros, ex ministros y curiosos gerifaltes socialistas en busca de su Eldorado vitalicio no ha hecho más que empezar.
¿Cómo voy a reprochárselo? Los ciudadanos comunes hemos ido aprendiendo algún oficio o artesanía, mediante cuyo ejercicio ir ganándonos la pitanza. Lo fascinante de España es que –en apabullante porcentaje– los profesionales de la política jamás tuvieron oficio. Ni artesanía. En lo que al PSOE concierne, ese modelo se eleva a caricatura. Es el modelo Pajín-Aído: venir al mundo con carné del partido en los pañales y sueldo de aparatchiki de por vida. No es necesario ni que aprendan a hablar. La analfabetización de la política —que es el rasgo más diferenciador de la era Zapatero— nace en eso: el angelismo, que nos llevó a la ruina y a la voladura del Estado, es la variedad pura del infantilismo. De in-fans: el que no sabe hablar, el iletrado. ¿Por qué sonríe el ángel? Porque es bobo. No hay misterio.
Un ejército de ganapanes socialistas se ha quedado ya en la calle tras la derrota en autonómicas y municipales. Un ejército aún mayor irá de bruces a la nada, cuando las elecciones andaluzas cierren la etapa de mayor corrupción clientelista en la España moderna. Nadie llorará por la bancarrota de pequeños concejales o falsos funcionarios, que vivieron sin dar jamás un maldito palo al agua. Hasta aquí llegó el mar, se acabó el chollo. Los de arriba, como siempre, ponen su cartera a salvo.
Gabriel Albiac
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miércoles, 22 de junio de 2011

Se acabó lo que se daba

NO es Grecia, ni Portugal, ni España las que están en peligro. Es el euro, la moneda única europea, la novena maravilla del mundo, más cotizado que el dólar. Lo ha puesto en peligro el hecho de que el euro griego no inspira tanta confianza como el euro alemán, pese a valer (todavía) lo mismo. Lo que no es lo mismo es la seguridad de que el país pagará sus deudas.
Es el resultado de haber establecido una moneda única sin tener una política económica común. Algo así como empezar una casa por el tejado. Tenía que haberse empezado dictando normas comunes en impuestos, seguridad social, jubilaciones, competencias, etcétera, y sólo cuando se hubiera alcanzado una cierta homogeneidad, establecer una moneda común. Hacerlo a la inversa era saltar al vacío con bastantes probabilidades de estrellarse. Pero había prisa. Desde Carlomagno, el gran sueño de galos y germanos —tal vez por haberse peleado a menudo— ha sido reconstruir el Imperio Romano, unificar Europa, y tras haberlo intentado tantas veces por separado, creyeron encontrar la ocasión de hacerlo juntos en la Europa destruida por su última contienda. Así surgió el proyecto de la Comunidad Europea, y con ella, el euro. Un proyecto más político que económico, con los fondos de cohesión como igualador de la Europa pobre y la Europa rica. Las prisas, el subordinar la economía a la política, el creer que todo se solucionaba con unos miles de millones sin cambiar las mentes ni las estructuras nos ha llevado al borde del precipicio en que nos hallamos. ¿Cómo no iban los europeos pobres a gastar más de lo que tenían sabiendo que los europeos ricos iban a pagar sus deudas?
La crisis ha sido el detonante de esta quiebra que amenaza a todos. Hoy, Europa está rota por la mitad, con los ricos advirtiendo a los pobres que se acabó lo que se daba y los pobres rechazando los sacrificios que les imponen los ricos. Ambos tienen sus razones, aunque las de los ricos son más fuertes, al tener la sartén por el mango. Pero los pobres pueden usar la fortaleza de los débiles: no pagándoles lo que les deben. Y armando un jaleo de mil demonios. ¿Qué va a pasar con el euro? ¿Se expulsa a Grecia de él si no cumple las condiciones que se le imponen? ¿Se crean dos tipos de euros, uno para los ricos y otro para los pobres? ¿Qué se hace con los euros en circulación? Pregunta sobre pregunta, con respuestas que crean más problemas que resuelven, los indignados gritando: «¡Ya nos han oído!». Y los paganos advirtiendo: «¡Lo tomáis o lo dejáis!». En una colisión, perderán ambos, aunque, como siempre, serán los pobres quienes más pierdan, quedándoles como única satisfacción haber hecho un buen agujero en la cartera de los ricos. Flaco consuelo, con la suya vacía.
José María Carrascal
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lunes, 20 de junio de 2011

El gobierno no produce

Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo... El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona. Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso... mi querido amigo... ...es el fin de cualquier Nación. “No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola” 
Adrian Rogers (1931)
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Un poco lentos


Lo habéis visto bien:
Presupuesto de la obra… 973 € 
Precio del cartel… ¡mejor no saberlo!
Trabajo a realizar… cambio de 3 farolas 
Plazo de ejecución… 3 meses
( A MES POR FAROLA) 
ASI NOS VA
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domingo, 19 de junio de 2011

Cada vez menos para sostener a más

Cada vez menos para sostener a más

El Estado del Bienestar en nuestro país ha sido dañado gravemente por la crisis económica. Uno de los indicadores que se toman como referencia, la tasa de soporte, así lo demuestra. La relación entre el número de afiliados a la Seguridad Social y el número de perceptores de prestaciones de desempleo y pensionistas fue del 1,44 de media en el periodo enero-abril de este año, según el Avance del Mercado Laboral de Afi-Agett correspondiente al mes de junio. Es decir, que por cada tres cotizantes a la Seguridad Social hay dos perceptores de prestaciones por desempleo o jubilación. Este dato es el más bajo desde 2000 y supone el cuarto año consecutivo de descenso desde el 1,88 alcanzado en 2007.
Cabe recordar que al acabar abril había 4.269.360 parados inscritos en los servicios públicos de empleo y que el número de afiliados a la Seguridad Social era de 17.474.201, la cifra más baja desde diciembre de 2010. En este entorno, el sistema de pensiones mantiene su superávit, pero cada vez es inferior. En los cuatro primeros meses del año ascendió a 6.746 millones de euros, un 6,5% menos que en el mismo periodo de 2010.
Pero no todas las comunidades tienen el mismo comportamiento. Madrid es la más solvente con el 2,13 cotizantes por pensionista o parado, y cierra el ranking Asturias, con 1,05. Las tasas de soporte más elevadas se dan en las regiones con mayor actividad económica, como Navarra, Cataluña, País Vasco, Aragón, La Rioja y la mencionada Madrid, la única que supera la tasa del 2%. Por el contrario, las comunidades con población más envejecida, como Galicia y Asturias, son las que tienen las tasas más bajas. En estos casos, ya hay prácticamente un cotizante por cada beneficiario de prestación por desempleo o jubilación. A ellas se suman las regiones del oeste peninsular (Extremadura, Castilla y León y Andalucía).
Los sociólogos explican que hay muchos ciudadanos que en su juventud se trasladan a las regionales más industrializadas, en donde cotizan, y que cuando se jubilan vuelve a su tierra, donde cobran la pensión. De ahí que los desequilibrios están un tanto distorsionados por esta cuestión.
No obstante, la Seguridad Social maneja otros datos, los de afiliados ocupados y en desempleo sobre el total de pensionistas. Según sus cifras, habría 2,54 afiliados por pensionista. Aún así es el porcentaje más bajo desde 2004.
Afi-Agett explica que hay tres elementos que influyen directamente sobre las diferencias regionales en la tasa de soporte: el nivel de actividad económica, el funcionamiento del mercado de trabajo y la estructura poblacional. Así, por ejemplo, la fuerte caída del número de afiliados en el arco mediterráneo y las islas ha provocado un importante descenso de esa tasa en las citadas comunidades.
Estos datos coinciden con los saldos de la Seguridad Social por comunidades autónomas. Los números correspondientes a 2008 desvelan, según Fedea, que más de la mitad de la regiones españolas —nueve de dieciséis— son deficitarias, es decir, que las cotizaciones de los empresarios y de los trabajadores que residen en esas comunidades son insuficientes para pagar las prestaciones y pensiones de sus ciudadanos. Gracias a que todavía la Seguridad Social es una caja única obtiene superávit al acabar el año.
La comunidad más deficitaria, con diferencia, es Asturias, con 8.957,6 euros por habitante, según el mencionado estudio. Le siguen Galicia, con 3.789,1 euros, y Castilla y León, con 3.304,2. Entre las regiones con superávit destaca Madrid, con 4.642,8 euros por habitante. Después están Baleares (3.386,6 euros) y Canarias (2.706,1 euros). La media nacional es de 294,6 euros por persona.
En la misma línea va la ejecución presupuestaria de la Seguridad Social, según los datos de este organismo correspondientes a 2010. Llama la atención que, aunque son cuentas provisionales, en las que todavía había ingresos pendientes de computar, solo Baleares, Canarias y Madrid presentan saldos positivos.
La intensidad de la crisis actual y las dificultades existentes para crear empleo, unido al envejecimiento de la población, pueden conllevar que sea necesario más de una década para regresar a los niveles de tasa de soporte anteriores a 2007, subraya el informe de Afi-Agett. Sin embargo, la tasa de soporte podría tocar «suelo» este año y empezar a subir a partir de 2012, aunque lentamente.
Javier González
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Patriotismo alimentario

¡Pelegrí que te vi! Otro paleto contemplando su ombligo. Locuaz aldeano. Se ha inventado el patriotismo alimentario. José María Pelegrí, consejero de Agricultura del Gobierno de la Generalidad de Cataluña. El patriotismo alimentario, Pelegrí que te vi, lo practicamos todos los españoles que consumimos productos catalanes. Son nuestros productos. Hace cuatro años, por unas declaraciones necias de Carod Rovira, en muchos lugares de España se boicoteó el cava. Me sumé al boicot. No consumí cava en aquellas fiestas navideñas. La verdad es que mi boicot fue mentiroso. No he probado el cava en mi vida, y tampoco me gusta su hermano mayor, el champagne o champán o como Pelegrí que te vi guste llamarlo. Mi boicot a Cataluña se resume en el cava y los caracoles, esa asquerosidad. El resto lo como, lo bebo y me nutre. Pelegrí que te vi ha dicho que si un catalán pide en un restaurante una botella de vino de Rioja no está ayudando a los empresarios catalanes. Sólo eso, pero ya es bastante. A los empresarios del resto de España que los ayude su tía. Pelegrí que te vi, si de él dependiera, prohibiría a los catalanes consumir productos de otras regiones de España. Pero si en la etiquetación se crea una confusión de origen, el producto sería aceptable y digno de ingresar en las bocas catalanas. Por ejemplo, el jamón de Jabugo. Intolerable que un catalán consuma jamón de Jabugo –a Pujol le encanta–, pero si en la etiqueta se lee «Pernil de Jabuig», el catalán consumidor en lugar de pecar mortalmente lo hace con carácter venial. Como se ponga de moda entre los independentistas lo del patriotismo alimentario el barullo puede ser de aúpa. La pregunta del millón a Pelegrí que te vi es la siguiente: ¿le molestaría igual que un consumidor catalán pidiera una botella de Burdeos o de Borgoña? Que responda Pelegrí que te vi. ¿Se permitiría a los ciudadanos catalanes o residentes en Cataluña consumir caviar iraní o ruso, o tan sólo se prohibiría el de Riofrío, Granada, que sale buenísimo? En cuanto al pescado, ¿sólo se admitirían los peces del Mediterráneo? El Mediterráneo, el mar sabio y cultural, el mar de las civilizaciones, el «Mare Nostrum», es bellísimo y cambiante, pero da unos percebes que parecen alfileres de modista. ¿Prohibidos los percebes gallegos? ¿Y las anchoas de Santoña? ¿Y las morcillas de Burgos? Tanta buitifarra cansa y hace peligrar los límites del colesterol. Pelegrí que te vi, hay que analizarse el colesterol. Y con todos los respetos que me merecen los vinos del Penedés, no existe comparación posible con los de la Rioja o la Ribera del Duero. El patriotismo alimentario que propugna este peculiar merluzo carece de buen fin. El mejor cliente de Cataluña es el resto de España. De imponer tan ridícula restricción, y si el resto de los españoles actuaran de manera similar, el negocio agrícola, ganadero y de alimentación de Cataluña se rompería los piños en el primer encontronazo. ¿Por qué son tan antipáticos estos nacionalistas con quienes no lo son? Además de la antipatía, pésimamente educados, alejados de la cortesía por razones incomprensibles. Voy a seguir cumpliendo con mi patriotismo alimentario. Comprando productos de Madrid, del País Vasco, de las dos Castillas, de Cantabria, de la Rioja, de Andalucía, de Canarias, de Baleares, de Valencia, de Murcia, de Aragón, de Asturias, de Galicia, de Extremadura, de Navarra, de Ceuta, de Melilla, y claro está, de Cataluña. Productos de España, Pelegrí que te vi, tontet del culet.
Alfonso Ussía
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sábado, 18 de junio de 2011

¡Que paguen los más ricos!

Una de las principales críticas que se dirigen contra el capitalismo es la desigual distribución de la riqueza. Los hay muy pudientes y los hay muy desharrapados, de modo que aparentemente la equidad exigiría que parte de la riqueza de los primeros fuera a parar a los segundos para nivelar las diferencias: al cabo, los acaudalados ni siquiera lo notarían y los más pobres obtendrían suculentos beneficios.
De hecho, éste es en parte el propósito de nuestros modernos Estados del Bienestar y, asimismo, ésta es la receta mágica que algunos propugnan para lograr atajar los déficits públicos actuales sin recortar el "gasto social": recuperar o subir el impuesto sobre el patrimonio y sobre sucesiones, crear un impuesto para las grandes fortunas, gravar con mayor intensidad las rentas procedentes del ahorro... Pero, ¿realmente nos conviene que toda la fiesta la paguen los más ricos? Mejor dicho, ¿qué significa exactamente eso de que "paguen los más ricos"?
Muchas veces –demasiadas– tendemos a simplificar la realidad económica en imágenes o conceptos que nos resulten manejables y que podamos entender. Cuando pensamos en una persona es rica, nos imaginamos de inmediato a un individuo que, cual Tío Gilito, tiene piscinas llenas de oro (o de dinero fiduciario) que le permiten comprar cualesquiera bienes y servicios. La redistribución de la renta, por consiguiente, sería algo tan fácil como arrebatarles unas poquitas monedas de oro a los tíos gilitos para dárselas a los carpantas de este mundo.
El problema es que la estampa no resulta en absoluto realista. Los ricos no son unas personas que tienen muchísimo dinero en el banco, sino gentes que poseen un enorme patrimonio en forma de tierras, inmuebles o, sobre todo en nuestras sociedades capitalistas, participaciones en empresas. Cuanto oímos que Bill Gates o Warren Buffett poseen zillones de dólares, no es que acumulen entre los dos el 99% de todos los dólares en circulación, sino que su cartera de propiedades y empresas (como Microsoft o Coca-Cola) alcanza un valor de mercado de zillones de dólares.
Y, ahora, deténgase a pensar un momento. ¿Por qué Microsoft o Coca-Cola valen lo que valen? ¿Porque tienen ambas un almacén gigantesco repleto de miles de millones de sistemas operativos y de latas de cola? No precisamente: las mercancías presentes de esas compañías son una minúscula parte de su valor de mercado; a fecha de hoy, por ejemplo, Microsoft tiene un valor bursátil de 204.000 millones de dólares y sus inventarios apenas ascienden a 1.000 millones; Coca-Cola asciende a 150.000 millones con unos inventarios de apenas 3.000. ¿De dónde viene entonces el enorme valor de mercado de estas empresas que convierte a sus principales propietarios en los hombres más ricos del planeta?
Pues de los bienes que se espera que produzcan dentro de 5, 10 ó 20 años. Dicho de otra manera, Microsoft, Coca-Cola (y todas las demás empresas) no son valiosas por lo que han producido hasta la fecha hoy, sino por lo que producirán mañana. Es más, me atrevería a decir que ni siquiera derivan su valor de lo que producirán mañana, pues nadie, ni siquiera Bill Gates, sabe qué productos sacará a la venta Microsoft dentro de 20 años (en el caso de Coca-Cola este juicio predictivo resulta algo más sencillo). El valor de las compañías –y por tanto, el patrimonio de los "ricos"– procede de su capacidad para generar, mantener y ampliar un modelo de negocios que sirva al consumidor mejor que sus competidores, esto es, de su capacidad para generar beneficios de manera sostenida a lo largo del tiempo (lo que en términos contables se conoce como "fondo de comercio" o Goodwill).
Por desgracia para los redistribucionistas, esa capacidad de generación futura de beneficios no puede consumirse en el presente (no nos podemos beber los millones de litros de cola que se fabricarán en el año 2025), de modo que para perseguir fiscalmente a los ricos sólo quedan dos opciones: o quedarse con una parte de la renta que su patrimonio genera en el presente o apropiarse directamente de una porción de ese patrimonio (de sus empresas, inmuebles, tierras...).
Lo primero es lo que consiguen los impuestos sobre la renta (IRPF o Sociedades): parte del valor monetario de la producción anual (beneficios, rentas de alquiler, intereses...) se transfiere al Estado y éste presuntamente lo redistribuye entre la población. El perjuicio más evidente de este tipo de tributos es que, por un lado, minoran los recursos a disposición de capitalistas y empresarios, que podrían haber sido reinvertidos en la generación de más bienes futuros de consumo futuros (nos volvemos más pobres de lo que podríamos haber sido); por otro, disminuyen la remuneración que recibe el capitalista por asumir riesgos al invertir y por retrasar la satisfacción de sus necesidades al ahorrar.
Pero acaso resulten más dañinos los segundos tipos de impuestos: los impuestos sobre el patrimonio y las herencias. En este supuesto, si el monto del impuesto supera al de la renta anual generada por el patrimonio productivo, el capitalista tendrá que desmembrar y liquidar parte de ese aparato productivo, socavando así su producción de riqueza futura para los consumidores.
Imaginemos, para entenderlo, que con una caña de pescar podemos recoger 100 pescados al año y que el valor de mercado de esa caña es de 600 pescados. Si consideramos que el propietario de la caña es un rico capitalista comeniños al que hay que esquilmar fiscalmente, podemos imponerle, por ejemplo, un tributo sobre la producción anual de pescado del 50%, de modo que cada doce meses deberá entregarle al Estado 50 pescados. Como consecuencia, el pescador dispondrá de 50 pescados menos cada año para fabricar nuevas cañas e incluso, dependiendo de la magnitud del impuesto (imaginemos uno del 90%), podría llegar a plantearse dejar de pescar.
Ahora supongamos, en cambio, que se aprueba un impuesto del 20% sobre el patrimonio del pescador (sobre el valor de mercado de su caña de pescar), de modo que cada año deberá entregarle al Estado 120 pescados. ¿Cómo podrá hacerlo si su producción anual es de 100 pescados? De ninguna manera: simplemente esos 20 pescados extra que exige el Estado no existen (pues se producirán a lo largo del próximo ejercicio). Como mucho, el pescador podría tratar de vender una parte de la caña con un valor de mercado equivalente a 120 pescados... si es que hay algún otro malvado e insolidario capitalista que tenga ahorrados físicamente esos 120 pescados.
Sin embargo, recordemos que el mayor valor de las empresas no deriva de sus bienes de capital físicos, sino de la correcta ordenación de éstos para seguir generando beneficios en el futuro. ¿Qué sucederá si el sistema fiscal comienza a trocear y a redistribuir, no ya unos bienes de consumo que no existen, sino partes sueltas de una empresa? Pues que la capacidad de generación de bienes de consumo futuros por parte de esas compañías se desmoronará. Vamos, que no van a seguir produciendo la misma cantidad de bienes pero de manera más fragmentada; no, se destruirá riqueza en términos absolutos. Lo contrario sería como cortar la caña de pescar en 10 trozos y esperar que cada uno de esos trozos siga cazando 10 peces cada año: no, una vez destruida la estructura de la caña de pescar, su capacidad para extraer peces desaparece. Lo mismo sucede con las empresas: una vez desmembrada la armonía entre sus distintas partes, su capacidad para producir en el futuro bienes y servicios que satisfagan a los consumidores, se esfuma. ¿O acaso creen que cada uno de los bienes de capital de Apple (ordenadores, formación de los trabajadores, edificios, mesas, saldos de tesorería...) seguirá siendo igual de productivo si pierde sus sinergias con el resto de la compañía y si deja de estar bajo la sabia dirección de Steve Jobs? Obviamente no: pasarán de generar una enorme riqueza a morirse de asco sin contar con casi ninguna función.
Por eso, el margen para que "paguen los más ricos" es tan estrecho. No ya porque el capital sea bastante móvil y pueda huir con relativa rapidez de aquellos Estados que lo quieren confiscar, sino porque la tributación de las grandes fortunas es literalmente merendarse la gallina de los huevos de oro. Si queremos dividir en 10 trozos una caña de pescar con un valor de mercado de 600 pescados, no obtendremos 10 trozos con valor de 60 pescados, sino 10 trozos con valor 0. Gravar a los ricos no es consumir hoy parte de la renta presente que tienen almacenada en algún banco suizo; tampoco es adelantar a hoy parte del consumo que habríamos realizado mañana; no, es consumir unas migajas hoy a cambio de destruir una enormidad de bienes y servicios que se habrían podido producir y consumir mañana.
Pero eh, aquí, como tantas otras veces en la economía, nos topamos con el insalvable obstáculo de que lo que se ve (los progresistas impuestos a los avariciosos ricos) machaca inmisericordemente en el imaginario colectivo a lo que no se ve (la enorme merma de nuestra renta futura).
Juan Ramón Rallo
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Félix Velasco

121.420 millones de razones

El mayor error cometido por los políticos españoles en los últimos quinientos años ha sido, sin duda, la creación del Estado autonómico. Sin ningún precedente conocido en la historia de los procesos constitucionales, los trujamanes de la transición endilgaron a los españoles un aborto jurídico-político ante el que no tienen derecho a la disculpa, porque todos ellos, gente con experiencia acreditada, sabían de sobra la desgracia que hacían recaer en sus compatriotas con el Título VIII de la Nicolasa.
El Estado autonómico, que la casta política, con el Rey a la cabeza, sigue defendiendo como la mayor conquista de nuestra democracia, ha servido para exacerbar los delirios separatistas de las regiones con presencia de partidos nacionalistas, para provocar enfrentamientos entre regiones limítrofes, para fraccionar un mercado ya de por sí pequeño convirtiéndolo en una maraña de regulaciones que ahuyenta al inversor extranjero y para multiplicar por varios factores el gasto público que hemos de soportar los contribuyentes actuales y las dos generaciones siguientes como mínimo. Si este es el éxito del que todos debemos felicitarnos, qué considerará la casta gobernante un fracaso colectivo.
Convertidas en corralitos al servicio de los políticos periféricos más desvergonzados, ni siquiera tienen suficiente con los recursos que se les entrega anualmente gracias al esfuerzo de todos los españoles. No les basta. Por eso necesitan pedir prestado en nuestro nombre una cantidad monstruosa de dinero al exterior, que en estos momentos ya supone casi el 12 por ciento de la riqueza nacional.
121.420 millones de euros deben las autonomías de los cuales casi 35.000 millones corresponden a la comunidad catalana, que a pesar de la exclusividad tribal de que hace gala su clase dirigente no van a ser devueltos por los ciudadanos de tan noble región sino por todos los españoles que, además, hemos de soportar los insultos de los Carod de turno. Nos vacían el bolsillo, piden prestado a cargo de todos los españoles un dineral para colocar a los hermanos tontitos y al resto de la esquerrada y no sólo no están contentos sino que acusan a los que financiamos sus francachelas de oprimirlos una barbaridad. Desde luego porque ellos quieren, porque resulta dudoso que el día que declaren la independencia del estat catalá desde la plaza de San Jaime las lágrimas del resto de España lleguen a formar ni un riachuelo. Qué pena que les falten huevos para dar ese paso.
No hay autonomía que se salve del desastre financiero, pues todas en mayor o menor medida son máquinas de consumir la riqueza privada que tanto esfuerzo nos cuesta producir a los ciudadanos, convertidos en víctimas de un sistema territorial inasumible. Hay que acabar con todas ellas y enviar a los políticos autonómicos al paro, no sólo por dignidad nacional, que ya sería motivo de peso, sino por una mera cuestión de supervivencia. La de nuestros hijos.
Pablo Molinos
FVA Management - Blog
Félix Velasco

Alfombras autonómicas

Ayer el Banco de España publicó que la deuda acumulada por las comunidades autónomas al cierre del primer trimestre de 2011 era 121.420 millones de euros, lo que supone un 26,4% más que en el mismo periodo del año pasado. Esta cantidad se aproxima a las que provocaron las intervenciones de Irlanda (139.000) y Portugal (151.000). Este mal dato puede ser peor, porque ha sido práctica habitual en las CC.AA. más endeudadas el retraso en contabilizar facturas pendientes. Debajo de las alfombras autonómicas hay demasiada deuda escondida para mostrar mejor imagen electoral. Una prima de riesgo de la deuda española superior a los 270 puntos básicos es una demostración de que España es cada vez un país con más riesgo moroso. El pasado miércoles los Credit Default Swaps (CDS), un seguro de impago de deuda, otorgaba a Grecia un 75% de posibilidades de suspender pagos antes de 2016, siendo del 47% para Portugal, de un 46% para Irlanda y de un 20% para España. La alarmante situación griega hace que los mercados miren con mayor desconfianza a la siguiente en la cola de posibles intervenidos: España.
Estos datos exigen que el Gobierno actúe con contundencia con el fin de ganar confianza ante los mercados. Las autoridades europeas no van a consentir que España siga intentando ocultar la realidad a base de maquillaje. Salgado debe reunir en julio al Consejo de Política Fiscal y pactar el recorte autonómico que la situación precisa. Si no lo hacemos nosotros, lo hará Europa y el castigo será peor.
Julio Pomes
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