domingo, 13 de marzo de 2011

Ciudadanía o proletariado


Para la teoría marxista, el proletariado constituye una clase social (decimonónica, propia de la época de don Carlos Marx) que no poseía la propiedad de los medios de producción, o sea: los recursos y los medios que posibilitan la realización de un trabajo habitualmente encaminado a la fabricación de un artículo. El proletariado era una clase urbana que, habitualmente, trabajaba en las fábricas. 
Era la clase social favorita de Marx. La distinguía claramente del «lumpemproletariado» que no estaba organizado y paseaba sus andrajos viviendo al margen de la ley y cayendo con frecuencia en la delincuencia y la prostitución. Ya se sabe: gente de mal vivir y «equívoca procedencia, licenciados de presidio, vagabundos, timadores, alcahuetes, escritorzuelos, dueños de burdeles, saltimbanquis…», y encima sin conciencia de clase. El proletariado fue un producto típico de la Revolución Industrial (que comenzó en Inglaterra, en la segunda mitad del siglo XVIII), cuando los avances mecánicos revolucionaron las manufacturas y la industria y se inició la mayor transformación tecnológica, económica y cultural del mundo. Un proceso en el que aún seguimos inmersos, pese a que la Revolución Industrial hace tiempo que dio paso a una serie sucesiva de Revoluciones Tecnológicas, que empezaron a ser verdaderamente vertiginosas a finales del siglo XX. Ha llovido mucho desde la máquina de vapor hasta Internet. 
El proletariado marxista sólo contaba con su fuerza de trabajo, que vendía a los propietarios de los medios de producción (la antagónica burguesía, cuyos intereses eran hostiles a los de los trabajadores). Marx creía que el proletariado vivía enajenado, y que era urgente liberarlo de su opresión. No me cabe duda de que, en aquel tiempo, llevaba razón: los obreros fabriles eran esclavos de la producción industrial, y elementos imprescindibles de la creación de riqueza. En sus obras de juventud, decía Marx: «El comunismo es la vuelta del hombre a sí mismo en cuanto hombre social, es decir, el hombre por fin humano… El comunismo coincide con el humanismo». Lamentablemente no vivió lo suficiente para ser testigo de la Revolución Rusa o de la creación de la URSS. 
Mañana, 14 de marzo, se cumplirá el 128 aniversario de la muerte de Marx; y han pasado casi 145 años desde la publicación de «El capital». Los obreros fabriles que quedan en Europa son pocos y bastante afortunados si sus empresas no se han «deslocalizado» todavía llevándose la producción a China, África o la India, donde abunda la mano de obra esclava. El siglo XX en Occidente convirtió a los obreros industriales en «clase media». El lenguaje político socialista contemporáneo transformó a la clase media contribuyente en «ciudadanía», haciendo así hincapié en nuestro aspecto de «comunidad», de masa. Herederos de una antigua clase esclava que no han logrado ser «individuos libres». (El individualismo es burgués, totalmente reaccionario. 
El individualismo es el equivalente a los «medios de producción» de antiguamente). Hoy «Ciudadanía» es un eufemismo, el sinónimo posmoderno de «proletariado». Cosa lógica pues, al ritmo que nos despluman, pronto nos dejarán a todos más pelados que David Copperfield en el Londres de 1830.
Ángela Vallvey
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Félix Velasco

sábado, 12 de marzo de 2011

Curso: Dar y recibir "feedback"


La realimentación o feedback, desde el punto de vista social y psicológico, es el proceso de compartir observaciones, preocupaciones y sugerencias, con la intención de recabar información, a nivel individual o colectivo, para mejorar el funcionamiento de una persona u organización. Tiene que ser pluridireccional, tanto entre iguales como en el escalafón jerárquico, en el que debería funcionar en ambos sentidos, de arriba para abajo y de abajo para arriba.
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Félix Velasco

Curso: Evaluación de competencias


Es un proceso de medición, acompañamiento y ajuste permanente del proceso de desempeño, utilizados para evaluar los logros de un individuo y su margen de mejora.
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Félix Velasco

sábado, 5 de marzo de 2011

El síndrome de la prisa

La velocidad y la luz han sido los temas de la semana. Les ha entrado la misma fiebre por ahorrar que otrora tuvieron por gastar. Y quieren hacerlo como siempre, a golpe de decreto. Nos bajan el límite a 110 cuando en Holanda lo suben a 130. Le llaman ahorro a lo que quiere decir recaudación. Necesitan cobrar más por multas porque han gastado tanto en tan poco tiempo que sólo nos quedan deudas. Y un agujero rojo que asusta en la otrora boyante Seguridad Social, que está ya en déficit. Nada ni nadie se libra del vendaval. A Zapatero y sus ministros les ha empezado a entrar el síndrome de la prisa. Reaccionaron tan tarde y tan mal ante la crisis que ahora quieren ser los primeros en tomar medidas para hacer frente a la escalada de los precios del petróleo. Quieren mandar al mundo el mensaje de que son ejemplares en recortes. Sí, probablemente hay que recortar, sobre todo si cae la producción de crudo. Pero sería bueno no hacerlo a lo loco como siempre, sin consultar a nadie como de costumbre, despreciando a la oposición y a los sectores más directamente afectados como es habitual. La cuestión es que ahora sólo se habla de ahorrar, cuando lo que necesita España es consumir. Si no hay consumo no hay reactivación, las empresas carecen de ingresos para crear empleo y nadie se atreve a sacar de la hucha el dinero, pues hay tanto miedo que sólo pensamos en quedarnos como estamos, esperando un milagro que no llega porque los milagros en economía no existen, sólo hay causas y efectos, gestión y resultados, acierto o fracaso.¿Ahorrar? Por supuesto. El Gobierno y las autonomías tienen que ahorrar eliminando gasto corriente superfluo. Pero no quieren ajustarse el cinturón sino apretar el nuestro recortando derechos, retrasando la jubilación y cociéndonos a multas e impuestos para cobrar más y poder mantener así su tren de gastos en subvenciones, eres falsos, televisiones deficitarias y mamandurrias regionales. El país necesita reactivarse y el Gobierno lo que propone es detenerlo. Se puede bajar el déficit subiendo el IVA y otros impuestos, pero eso es sólo pan para hoy. Al final a la gente no le compensa comprarse un coche nuevo y aguanta con el que tiene. Resultado: las ventas de turismos caen hasta el 27,6 por ciento. Si no se venden coches y no se venden casas, el país está parado. Porque ambos sectores son los que tiran de la actividad, por mucho que ZP se empeñe en hablarnos de economía sostenible. Y medidas como reducir la velocidad a 110 o apagar las farolas no servirán de nada. Después de años de gastar sin parar en lo que no tenían, al Gobierno de Rodríguez Zapatero le han entrado las prisas. Ven que esto se acaba y deciden cosas a lo loco en un intento desesperado por evitarlo. Sin darse cuenta de que cada vez es peor porque hay menos tiempo, menos recursos, menos paciencia y más hartazgo ante tanta improvisación y tanta ocurrencia y tanto bandazo.
José Antonio Vera
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Félix Velasco

Manual del progre «in»

El progre progresa, como su propio nombre indica. Por eso me gusta, porque apuesta por la evolución. Los primeros titubeos progres de Zapatero eran aquellos –hoy «outdated»– de la vida sana de la ministra de Sanidad Salgado, del desayuno sin colesterol, de la comida sin hamburguesas, sin vino, sin copita y sin puro. Movida quieta, abstemia y sin humos. Nada de fiestas nacionales –léanse toros–, ni de golf, ni de piscina derrochadora de agua. Aquellos progres leían todo sobre la República y la Guerra Civil, sólo veían cine español, vestían a los niños de primera comunión renegando de la Iglesia y siempre se disfrazaban con la camisa negra, naturalmente sin corbata. Una cantinela superada.
Hoy el manual del buen progre conserva algunas de aquellas reminiscencias, pero ha añadido al vocabulario una militancia de última generación. Hoy ser progre no es una posición personal, sino que es «the most in» en militancia colectiva, un compromiso nacional con la prohibición de todo y la renovación de todo que afecte a cada hijo de vecino. Se trata de eliminar de nuestras vidas el gusto por la gasolina, el gas y la electricidad, perniciosas aficiones burguesas donde las haya.
De momento, el Gobierno ha reaccionado bien pero corto, como siempre, y sólo ha declarado el estado 1 de alarma energética, lo que apenas promueve nada. Así no progresamos ni queriendo. Apenas una prohibición de circular a más de 110 km/h y una renovación de las bombillas de la casa, de las farolas de la calle y de los túneles de las carreteras. Y una renovación más tibia aún de los neumáticos, tan escasa que ni ahorra. Ya me dirán ustedes qué militancia de progreso es ésta. Sueño ya con el nirvana del estado de alerta 3, ese que nos alineará a todos como buenos progres recorriendo círculos, por lo que nos podemos topar con las modas del siglo XIX después de haber transitado por el XX y el XXI sin pena ni gloria. Así es que descorbátense en verano y apliquen mantas en invierno para reducir los aires no naturales. Se trata de acostumbrarse al calendario zaragozano de grandes fríos en invierno y grandes calores en verano. Así vivían los abuelos y no llegaban a los 90, como ahora, con el considerable ahorro en pensiones. La vuelta a la estufa familiar frente a una sola pantalla televisiva nos daría no sólo ahorro energético, sino mejores veladas y programas como aquella «Escala en HIFI» memorable. En aquellos tiempos, la gente no derrochaba ducha diaria y la comida era de una sola cazuela. Sueño pues con ese estado de alerta 3, en el que la ducha no sólo escaseará, sino que será en grupo, y los chavales comenzarán las clases haciendo gimnasia para calentarse el día. Vuelta a la fresquera, a la ropa tendida y soleada, al motocarro de tres ruedas, a la tartera, al abanico, a los sombreros de paja y al espectáculo de ver la televisión en un escaparate. Todo muy progresista y ahorrador. De esto al NODO para ver a Zapatero inaugurando pantanos, sólo hay un paso.
Gloria Lomana
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Félix Velasco

Criaturitas


NO van a lograr poner diques. El escándalo de los ERE es una marea que cada día deposita más restos de espuma sucia en la orilla del poder andaluz. Una oleada de corrupción que está poniendo de relieve lo peor del régimen tardochavista y muestra al descubierto la maquinaria del clientelismo. Cincuenta cofres de documentos, intervenidos por la Policía en las dos aseguradoras —sólo dos, y siempre las mismas— que hacían de puente en las operaciones, van convertirse en las cajas de Pandora de un sistema viciado. Más allá de los episodios chuscos de los intrusos y polizones, el caso revela el secreto de la hegemonía y deja al pairo el cartón que encubren los falsos discursos del estado de bienestar. Era un bienestar trucado, fullero, comprado con fondos de reptiles creados para disimular mediante derramas arbitrarias la tragedia de la destrucción de empleo.
El tipo que manejaba el tinglado, el capataz encargado de administrar los fondos opacos, se ha retratado en una impagable entrevista en «El País». Tratando de justificarse, el ciudadano Guerrero acusa directamente a sus superiores —los consejeros de Trabajo— de decidir el criterio de ayudas irregulares y revela el planteamiento de fondo que sustentaba el tinglado. Lo inventaron, dice, porque el ERE de una empresa jienense se atascó ante las pegas y reparos que ponía el funcionario encargado de vigilar que se adecuase al procedimiento. «No podíamos estar —declara con sinceridad escalofriante— al pairo de los caprichos del interventor».
Ésa es la cuestión clave. Decidieron crear un procedimiento paralelo —dotado con 647 millones de euros, más de cien mil millones de extintas pesetas— para escapar del control transparente del dinero. Por la cara, con dos cojones, el que manda, manda, y el que no es funcionario. Sin informes de viabilidad, al margen del funcionamiento reglado. No iban a permitir que un interventor de mierda les chafase el montaje. En vez de crear empleo se dedicaban a prejubilar gente mandándoles el sueldo a casa, para que no armasen lío y estuviesen contentos con el régimen. Si había que falsificar los papeles, se falsificaban y a otra cosa. Y de paso metían de matute a dos o tres «criaturas necesitadas de ayuda sociolaboral que estaban desempleadas» y que casualmente eran cargos del Partido Socialista y parientes cercanos. Exalcaldes y exconcejales que no podían dejar tirados para mantener la unidad de la familia. Criaturitas; el mismo término paternal, clientelista, caciquil, que usaba Ruiz de Lopera para referirse a su tropilla de incondicionales. Criaturitas que tenían que proteger por su bien de la arbitrariedad de las leyes, los caprichos de los interventores y demás minucias de gente de mal vivir. Puro peronismo proteccionista, al que sólo le faltaba el tambor y el estribillo: estos socialistas, qué buenos son, que nos arreglan la prejubilación.
Juan Manuel de Prada
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Félix Velasco

Disfrutando de la democracia


¿A quién no le gustaría ser, siquiera por unas horas, como aquel Pedro Recio de Tirteafuera, que con una varilla de ballena en la mano le iba indicando al afligido Sancho, gobernador de la ínsula Barataria, qué platos eran nocivos para su estómago? Está en la naturaleza humana encumbrarse de sabihondo, aunque se carezca de sabiduría alguna; y todavía más hacer alarde de ella ante la primera víctima que se cruza en nuestro camino, aprovechando además para darle tirones de orejas. Zapatero, harto de que se lo tomen a chirigota por estos pagos, ha encontrado en Túnez alivio a su sabihondez; y allá que se nos ha ido el hombrín, con su varilla de ballena, a pegar a los tunecinos la tabarra con su abuelo, más paseado que las momias de Guanajuato, y a enseñarles a disfrutar de la democracia:
—No saben cuánto se puede disfrutar de la democracia —les ha dicho, con el mismo tono apodíctico que emplearía un profesor de Educación para la Ciudadanía para explicar las ventajas del sexo con condón—. Incluso, como es mi caso, se puede llegar a ser presidente del Gobierno.
Y con la democracia, como con el sexo con condón, se puede disfrutar de muchas y creativas maneras. Si has llegado a presidente del Gobierno, como Zapatero, puedes disfrutar quemando queroseno como un descosido en tus giras internacionales, para poder satisfacer el débito conyugal, mientras a los demás no les dejas ni quemar un cigarrillo, mientras hacen cola en el paro. Si has llegado a ministro de Industria, como Sebastián, puedes disfrutar como un enano triturando bombillas, como aquel faquir Daja-Tarto que se las comía con el filamento de tungsteno y todo; sólo que Daja-Tarto se pagaba de su bolsillo las bombillas que trituraba, mientras Sebastián las tritura después de subir el recibo de la luz, que en algo se tenía que notar el disfrute democrático. Claro que, para que la democracia se convierta en una juerga flamenca completa, conviene endulzarla con una copichuela de Tío Pepe, de manera que, si eres consejero de la Junta de Andalucía, te puedes asegurar 400.000 euretes del ala, concediendo un ERE a la empresa de la que eras trabajador en excedencia y computando tu período laboral desde el día de tu nacimiento. Y es que, cuando la democracia se convierte en una fiesta, como el París de Hemingway, uno puede disfrutarla a tope desde su natalicio; y no puede hacerlo desde el día en que fue engendrado porque los fetos son seres vivos, pero no humanos, según nos enseña la democracia. A enseñar en qué consiste invento de tanto disfrute, y a señalar cuáles son sus enemigos, se ha ido Zapatero a Túnez, después de satisfacer el débito conyugal; y si la democracia, según el imaginario zapateril, es algo así como un opulento y cachondo Don Carnaval que a los tontos disfraza de presidentes del Gobierno, habrá que identificar a su enemiga, Doña Cuaresma (esto es, la religión), que siempre anda poniendo trabas cenicientas al disfrute. Y eso es lo que Zapatero ha dicho en Túnez:
—La religión tiene que estar en el ámbito de lo privado.
Que es, exactamente, lo contrario de lo que decía la Declaración Universal de Derechos Humanos, antes de que la democracia se convirtiera en este fiestorro tan descomunal; y exactamente lo mismo que los musulmanes defienden para el resto de religiones. Con lo que Zapatero, al menos, no habrá salido de Túnez con cajas tan destempladas como aquel Pedro Recio de Tirteafuera salió de la ínsula Barataria.
Ignacio Camacho
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El derroche autonómico

La contabilidad nacional española ofreció este martes dos noticias, una buena y otra mala. Para los que ven el vaso medio lleno, los 92.227 millones de euros de déficit son una buena noticia, porque supone un 9,2% del PIB (una décima menos de la previsión). Para los que tengan una mirada algo más pesimista, cumplir con un objetivo del 9,3% tampoco es mucho mérito y hace que España continúe en el vagón de cola de la UE.
Pero además, las cifras presentadas por Elena Salgado ofrecen otra importante lectura desde el punto de vista de la estructura del Estado: han sido las Comunidades Autónomas las que se han cargado los esfuerzos ahorradores del resto de las administraciones públicas. Así, mientras que la Administración central cerraba con un 4,97% (casi medio punto menos que lo previsto), las regiones se elevaban hasta el 2,83% frente al 2,4% que tenían como límite: el despilfarro autonómico continúa haciendo peligrar las cuentas españolas.
Los que cumplen y los que no
Evidentemente, para que la media sea del 2,83%, tiene que haber unas autonomías que cumplan y otras que no lo hagan. En este sentido, Madrid y Castilla la Mancha son la cara y la cruz de las regiones españolas. El equipo de Esperanza Aguirre puede presumir de ser el único que está muy por debajo del objetivo previsto (tiene un déficit del 0,69%, más de un punto y medio mejor que el segundo clasificado). De hecho, teniendo en cuenta el peso de la economía madrileña, puede suponerse que de no contabilizar esta comunidad, el déficit autonómico se dispararía por encima del 3%.
En la acera opuesta, Castilla-La Mancha, Murcia, Baleares y Cataluña ocupan las últimas posiciones del ranking. El Ejecutivo de José María Barreda lleva varios años haciendo méritos para consolidarse como el más derrochador de los gobiernos regionales españoles. Junto a él, se situán el de Murcia, el de Baleares y el catalán. En este último caso, las culpas son, fundamentalmente, de José Montilla, puesto que Artur Mas accedió a su cargo el 27 de diciembre, por lo que poco puede imputársele por el déficit de 2010.
Estas cuatro regiones han cerrado el ejercicio con desviaciones "considerables" según definición de la propia Elena Salgado, por lo que necesitarán adoptar "con firmeza" medidas que reduzcan sus desequilibrios. Por cierto, de estas cuatro comunidades con un déficit descontrolado, tres tienen gobierno socialistas, siguiendo una tendencia habitual en los últimos ejercicios.
Las cuentas de las regiones
Por su parte, las comunidades autónomas cerraron el año con un saldo negativo de 35.997 millones, un 3,39% del PIB, casi tres décimas más de lo previsto en el programa. Si no se tienen en cuenta los anticipos a cuenta, el déficit de las comunidades se ha situado en el 2,8% frente al 2,4% planteado en el Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF).
En concreto, ocho comunidades cumplen el objetivo (Madrid, Extremadura, Castilla y León, País Vasco, Cantabria, Galicia, Canarias y Asturias). Andalucía sólo se ha desviado ligeramente, mientras que otras comunidades necesitarán actuaciones más "decididas" para reconducir su situación, como Aragón, Navarra, La Rioja y Comunidad Valenciana.
Las cifras del Estado
En total, el déficit público cerró el año en 92.227 millones de euros, lo que supone el 9,2% del PIB, una décima mejor de lo estimado en las previsiones oficiales del Gobierno, según los datos avanzados por la vicepresidenta segunda del Gobierno, Elena Salgado.
En concreto, el Estado registró un déficit de 52.798 millones, el 4,97%, lo que supone una mejora de casi un punto respecto a la cifra planteada en el programa de estabilidad enviado a Bruselas. El déficit del Estado se ha reducido casi a la mitad en un año por el aumento de ingresos y la reducción del gasto, informa Europa Press.
Ayuntamientos y Seguridad Social
Las entidades locales, que ascienden a más de 8.000 administraciones, sumaron un déficit del 0,64%, aunque habrá que esperar para conocer los datos definitivos, informa Europa Press.
Por su parte, lasentidades que integran Seguridad Social han registrado un déficit de 2.588 millones de euros, el 0,24% del PIB, que supone una desviación de 0,4 puntos de PIB. Tres décimas se deben al Servicio Público de Empleo y seis al Fondo de Garantía Salarial.
Deuda pública
La deuda pública se situó en el 46% del PIB en el caso del Estado y se elevó al 60% al tener en cuenta todas las administraciones, más de dos puntos menos que la última previsión.
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Félix Velasco

lunes, 28 de febrero de 2011

Curso: El Estrés, riesgos y consecuencias


El estrés es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia, a pesar de lo cual, ante ciertas circunstancias, se convierte en una patología. Es una patología emergente en el área laboral, siendo el riesgo mayor en las tareas en puestos jerárquicos que requieren mayor exigencia y dedicación.
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Curso: Los estándares de eficacia


La eficacia es la capacidad de lograr un efecto deseado, esperado o anhelado. La eficiencia es la capacidad de lograr el efecto en cuestión con el mínimo de recursos posibles viable. Ambas, eficacia y eficiencia son necesarias en la empresa,... y hay que saber medirlas.
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sábado, 26 de febrero de 2011

La prohibición sostenible

Podrían probar a prohibir los coches. De hecho ya lo han propuesto en algunas ciudades; cierto progresismo contemporáneo considera al automóvil el paradigma sinóptico de los males que afligen a la sociedad posindustrial. Contamina, consume combustibles fósiles y provoca accidentes, atascos y crispación nerviosa. Es un monstruo posmoderno, el enemigo natural del buen salvaje rousseauniano, un artefacto siniestro cuya abolición constituiría un salto cualitativo en la revolución adanista del mundo feliz. Un mundo sin centrales nucleares, sin coches, sin armas, sin corridas de toros, entregado a la bondad fraterna, a la alianza de civilizaciones y al ansia infinita de pazzzzzzz. Y sin tabaco, por supuesto.
Lejos queda el tiempo en que la mentalidad progresista consideraba al automóvil un símbolo de autonomía individual y de desarrollo. La época en que el Manifiesto Futurista de Marinetti proclamó que un coche a toda velocidad era más bello que la Victoria de Samotracia. Reliquias de la Historia; no hay nada más antiguo que un moderno pasado de moda. Ahora el mester de progresía reviste un estilismo peatonal y ecológico; el buen progre moderno se desplaza andando o en bicicleta, envuelve sus compras en bolsas reutilizables y se alumbra con bombillas de bajo consumo subvencionadas por el Gobierno. En esa utopía antimaquinista, en ese ambientalismo de atrezzo, el automóvil representa un rancio vestigio del pretérito industrialismo burgués, un anacronismo de humo y chatarra, una antigualla prescindible. Como las corbatas cuya supresión preconizaba el ministro Sebastián --el autor intelectual de la reducción de velocidad para ahorrar petróleo-como panacea contra el gasto en aire acondicionado. No era, al igual que este plan energético de sainete, una broma traviesa ni un chiste de Lepe ni un invento del profesor Frank de Copenhague; en su delirio de ingeniería social este Gobierno toma esta clase de ocurrencias absolutamente en serio.
Por eso es perfectamente verosímil que un día se atrevan a prohibir los coches, o al menos sacarlos a la calle; han prohibido fumar sin atreverse a vetar el tabaco, y han prohibido los toros sin suprimir la ganadería brava. Podrían incluir la medida en un plan de choque contra la siniestralidad vial o contra el cambio climático o contra el dispendio de combustible; disponen del mantra-comodín de la sostenibilidad para amparar el acto de poder que más les gusta, que es la prohibición, epítome supremo de la facultad de mandar. Y contra el pequeño inconveniente de los efectos en la industria automotriz y en el desempleo, ya han ensayado en los ERES de Andalucía la fórmula mágica de la reconversión sin bajas colaterales. Está al caer la subvención de bicicletas, y quizá antes de rendir mandato alumbren como gran innovación del transporte público sostenible la recuperación de la diligencia.
Ignacio Camacho
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El buen camino

"... El «buen camino», en fin, es la consagración de la plutocracia internacional, el sometimiento de la economía real a la especulación, el parasitismo de rentistas e intermediarios financieros sobre trabajadores, autónomos y pensionistas, que después de ser exprimidos por la vía tributaria lo serán también mediante la reducción de sus salarios y pensiones, para pagar las pérdidas de los especuladores..."
Para leer completo el artículo:
http://felixvelasco.blogspot.com/2011/02/el-buen-camino.html


Juan Manuel de Prada
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viernes, 25 de febrero de 2011

Curso: Orientación al cliente

La gestión de la relación con los clientes es parte de una estrategia de negocio centrada en el cliente. Por eso es importante recopilar la mayor cantidad posible de información sobre cada cliente, para dar mayor valor a la oferta. La empresa debe trabajar para conocer las necesidades del mismo y así poder adelantar una oferta y mejorar la calidad en la atención.
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Félix Velasco

Curso: Los conflictos interpersonales

Los desacuerdos siempre pueden ser productivos, si se desarrollan sobre la base del dialogo y el respeto a las ideas nuevas y/o distintas, sin embrago cuando las diferencias desafían con destruir las bases que sostienen al equipo, es necesario conocer cómo manejarlo con eficiencia.
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Félix Velasco

Curso: El comportamiento del consumidor

El comportamiento del consumidor se refiere al conjunto de actividades que lleva a cabo una persona o una organización desde que tiene una necesidad hasta el momento que efectúa la compra y usa, posteriormente, el producto.
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