lunes, 23 de septiembre de 2013

Los secretos de una buena conversación


De la Conferencia "MOMENTOS QUE NO SE OLVIDAN: Los secretos de una buena conversación".
Entablar una conversación es la práctica más natural y frecuente que realizamos todos los días, en diferentes circunstancias. A pesar de eso, no siempre resulta amena por los temas abordados o por la falta de interés que manifiestan los interlocutores. Sin embargo, existen normas de urbanidad que nos orientan a ser buenos conversadores.
1. La claridad, en primer lugar. Escuchar a una persona que «no se entiende lo que dice» resulta muy incómodo. Por eso, cada palabra debe ser pronunciada correctamente, con una voz melodiosa, sin prisas ni pausas excesivas. Si a esto se le añade un vocabulario variado, la conversación jamás será aburrida.
2. Conversar no es dictar una conferencia. Si hablar con alguien que no puede hilar sus ideas por falta de vocabulario es incómodo, lo es aún más con alguien que pretende exponer todos los términos rebuscados que conoce. No hay que olvidar que la comunicación se produce solamente cuando tanto el que habla como el que escucha entienden de qué se trata.
3. Saber hablar y saber callar. Las intervenciones de cada interlocutor deben ser prudentes, en contenido y en tiempo; no es un monólogo, por lo tanto, hay que saber escuchar también. Por otra parte, la conversación exige interacción. Si una persona se mantiene callada, los demás pueden pensar que no le agrada el tema, que no conoce nada al respecto, que es aburrida o, peor, que no es amigable.
4. Los chismes están prohibidos. Hablar mal de otras personas es señal de maldad y falta de educación. Quienes tienen esta costumbre son un peligro como invitados, pues siembran discordia con facilidad.
5. Escoger un buen tema de conversación. El tema indicado es el que le interesa a ambos interlocutores. Pero existen asuntos que deberían evitarse, como dinero, enfermedades, política y religión, excepto cuando es de común interés.
6. Mostrar interés con la mirada. Mirar a la persona a los ojos mientras se habla es la mejor prueba de atención y sinceridad que podemos brindar en una conversación.
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Félix Velasco

Vive tu vida

Quisimos dejar atrás el deber, el esfuerzo y el sacrificio, cambiándolos por una "amorosa pasividad"; un laissez-faire consentido. Los tiempos líquidos y vacíos de los que venimos necesitan encontrar refugio e inspiración en la responsabilidad. Despertarla es la mejor contribución para la colectividad, y para ello necesitamos fortalecer la voluntad y motivar nuestra conducta individual.
No te distraigas con los mítines, manifestaciones y soflamas ideológicas de los políticos, que pretenden integrarte en una masa informe en la que poder justificar sus errores y ambiciones.
Tu fuerza es tu voluntad personal y concreta, dedícala a cimentar tu vida y forjarte un destino. No sea que al atardecer de tu existencia descubras que has vivido los intereses de otros y no tus propias esperanzas.
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Félix Velasco

domingo, 22 de septiembre de 2013

El sueño de Mas, pesadilla para los catalanes

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha demostrado que no tiene reparos a la hora de engañar a los catalanes sobre las irreales alabanzas de su particular utopía independentista. Así, una vez que Bruselas ha desmontado por completo la burda falacia nacionalista sobre la posible permanencia de Cataluña en la UE, Mas insistió el pasado jueves en que, pese a ello, ese hipotético nuevo estado catalán podría conservar el euro, lo cual no sólo es improbable sino, directamente, mentira. En primer lugar, el líder de CiU oculta que la expulsión de la UE también conllevaría de forma automática la salida como miembro activo del euro. De este modo, los bancos y cajas de Cataluña dejarían de tener acceso a la financiación del Banco Central Europeo (BCE), cuyas líneas de liquidez son vitales para buena parte del sistema bancario europeo tras el estallido de la crisis, poniendo en evidente riesgo los depósitos allí ubicados.
En este sentido, el modelo que propone Mas consiste en imitar a Kosovo y Montenegro, países que, sin pertenecer a la UE, han adoptado el euro de forma voluntaria. Sin embargo, incluso este triste escenario es más que improbable en el caso de una Cataluña independiente, ya que nacería como un estado quebrado debido a su descomunal déficit y volumen de deuda pública. Es decir, nadie le prestaría dinero y, como consecuencia, tendría que imprimir su propia moneda –devaluada– para mantener servicios, pagar pensiones y sufragar sueldos públicos, con el consiguiente empobrecimiento generalizado de la población. Y ello, sin contar el caos económico que supondría salir de la UE, ya que inversores y empresas huirían, sus exportaciones se desplomarían y, como consecuencia, el PIB catalán caería más de un 20 por ciento. El sueño independentista de Mas sería, en realidad, la pesadilla de los catalanes.
EL presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha demostrado que no tiene reparos a la hora de engañar a los catalanes sobre las irreales alabanzas de su particular utopía independentista. Así, una vez que Bruselas ha desmontado por completo la burda falacia nacionalista sobre la posible permanencia de Cataluña en la UE, Mas insistió el pasado jueves en que, pese a ello, ese hipotético nuevo estado catalán podría conservar el euro, lo cual no sólo es improbable sino, directamente, mentira. En primer lugar, el líder de CiU oculta que la expulsión de la UE también conllevaría de forma automática la salida como miembro activo del euro. De este modo, los bancos y cajas de Cataluña dejarían de tener acceso a la financiación del Banco Central Europeo (BCE), cuyas líneas de liquidez son vitales para buena parte del sistema bancario europeo tras el estallido de la crisis, poniendo en evidente riesgo los depósitos allí ubicados.
En este sentido, el modelo que propone Mas consiste en imitar a Kosovo y Montenegro, países que, sin pertenecer a la UE, han adoptado el euro de forma voluntaria. Sin embargo, incluso este triste escenario es más que improbable en el caso de una Cataluña independiente, ya que nacería como un estado quebrado debido a su descomunal déficit y volumen de deuda pública. Es decir, nadie le prestaría dinero y, como consecuencia, tendría que imprimir su propia moneda –devaluada– para mantener servicios, pagar pensiones y sufragar sueldos públicos, con el consiguiente empobrecimiento generalizado de la población. Y ello, sin contar el caos económico que supondría salir de la UE, ya que inversores y empresas huirían, sus exportaciones se desplomarían y, como consecuencia, el PIB catalán caería más de un 20 por ciento. El sueño independentista de Mas sería, en realidad, la pesadilla de los catalanes.
EL presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha demostrado que no tiene reparos a la hora de engañar a los catalanes sobre las irreales alabanzas de su particular utopía independentista. Así, una vez que Bruselas ha desmontado por completo la burda falacia nacionalista sobre la posible permanencia de Cataluña en la UE, Mas insistió el pasado jueves en que, pese a ello, ese hipotético nuevo estado catalán podría conservar el euro, lo cual no sólo es improbable sino, directamente, mentira. En primer lugar, el líder de CiU oculta que la expulsión de la UE también conllevaría de forma automática la salida como miembro activo del euro. De este modo, los bancos y cajas de Cataluña dejarían de tener acceso a la financiación del Banco Central Europeo (BCE), cuyas líneas de liquidez son vitales para buena parte del sistema bancario europeo tras el estallido de la crisis, poniendo en evidente riesgo los depósitos allí ubicados.
En este sentido, el modelo que propone Mas consiste en imitar a Kosovo y Montenegro, países que, sin pertenecer a la UE, han adoptado el euro de forma voluntaria. Sin embargo, incluso este triste escenario es más que improbable en el caso de una Cataluña independiente, ya que nacería como un estado quebrado debido a su descomunal déficit y volumen de deuda pública. Es decir, nadie le prestaría dinero y, como consecuencia, tendría que imprimir su propia moneda –devaluada– para mantener servicios, pagar pensiones y sufragar sueldos públicos, con el consiguiente empobrecimiento generalizado de la población. Y ello, sin contar el caos económico que supondría salir de la UE, ya que inversores y empresas huirían, sus exportaciones se desplomarían y, como consecuencia, el PIB catalán caería más de un 20 por ciento. El sueño independentista de Mas sería, en realidad, la pesadilla de los catalanes.
EL presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha demostrado que no tiene reparos a la hora de engañar a los catalanes sobre las irreales alabanzas de su particular utopía independentista. Así, una vez que Bruselas ha desmontado por completo la burda falacia nacionalista sobre la posible permanencia de Cataluña en la UE, Mas insistió el pasado jueves en que, pese a ello, ese hipotético nuevo estado catalán podría conservar el euro, lo cual no sólo es improbable sino, directamente, mentira. En primer lugar, el líder de CiU oculta que la expulsión de la UE también conllevaría de forma automática la salida como miembro activo del euro. De este modo, los bancos y cajas de Cataluña dejarían de tener acceso a la financiación del Banco Central Europeo (BCE), cuyas líneas de liquidez son vitales para buena parte del sistema bancario europeo tras el estallido de la crisis, poniendo en evidente riesgo los depósitos allí ubicados.
En este sentido, el modelo que propone Mas consiste en imitar a Kosovo y Montenegro, países que, sin pertenecer a la UE, han adoptado el euro de forma voluntaria. Sin embargo, incluso este triste escenario es más que improbable en el caso de una Cataluña independiente, ya que nacería como un estado quebrado debido a su descomunal déficit y volumen de deuda pública. Es decir, nadie le prestaría dinero y, como consecuencia, tendría que imprimir su propia moneda –devaluada– para mantener servicios, pagar pensiones y sufragar sueldos públicos, con el consiguiente empobrecimiento generalizado de la población. Y ello, sin contar el caos económico que supondría salir de la UE, ya que inversores y empresas huirían, sus exportaciones se desplomarían y, como consecuencia, el PIB catalán caería más de un 20 por ciento. El sueño independentista de Mas sería, en realidad, la pesadilla de los catalanes.
Editorial ABC
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Félix Velasco

miércoles, 18 de septiembre de 2013

La economía seguirá en niveles muy altos

Las predicciones más famosas y que nunca llegaron a cumplirse
Esto es lo que pensaba y afirmaba el economista estadounidense Irving Fisher tan solo tres días antes de la mayor caída de las acciones de la bolsa, el conocido «crack del 29». Justo antes de la «Gran Depresión» Fisher afirmaba que las acciones habían alcanzado el nivel más alto, y en ese nivel se quedarían. Por desgracia, el alcance de la crisissuperaría las fronteras de los Estados Unidos y afectaría al resto del mundo.
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sábado, 14 de septiembre de 2013

Carta de Rajoy a Mas

"En respuesta a su carta en la que me plantea la necesidad de abordar un proceso de negociación para la celebración de una consulta en Cataluña, y sin perjuicio del exhaustivo análisis que exige el informe jurídico y político que me ha enviado con posterioridad, paso a manifestarle mi criterio respecto a las cuestiones que plantea.
Siempre he sido -y creo haberlo demostrado- una persona comprometida plenamente con el diálogo como forma de resolver las diferencias políticas o de cualquier otra índole.
Este compromiso con el diálogo adquiere su verdadero sentido desde la exigible lealtad institucional y desde el respeto al marco jurídico que a todos nos protege y que a todos nos vincula, en especial a quienes ejercemos responsabilidades de gobierno. Por mi parte, el diálogo no tiene fecha de caducidad cuando se trata de atender al interés general de los españoles y, por ello, de todos los catalanes.
En este sentido, considero que el mejor servicio a la legitimidad democrática que usted invoca es precisamente respetar ese marco jurídico en el que los gobiernos hallan su fundamento y legitimidad y los ciudadanos encuentran la garantía para la convivencia y la concordia.
Estoy convencido de la extraordinaria relevancia que Cataluña tiene para el conjunto de España y de la riqueza, pluralidad y singularidad de la sociedad catalana. Pienso asimismo que los vínculos que nos mantienen unidos no pueden desatarse sin enormes costes afectivos, económicos, políticos y sociales. Y por supuesto, quiero también transmitirle la firme convicción de mi Gobierno de que hemos de trabajar en el fortalecimiento de esos lazos y huir de los enfrentamientos. Debemos hacerlo desde la lealtad recíproca y el fomento de la corresponsabilidad en las dos direcciones.
Convencido de que juntos ganamos todos y separados todos perdemos, le invito a que ejerzamos responsablemente nuestra función como gobernantes democráticos con lealtad hacia los ciudadanos y las instituciones que representamos en estos momentos de dificultad económica y social que padece nuestra sociedad.
Desde el profundo afecto que siento por la sociedad catalana en su conjunto y el respeto institucional a la Generalitat de Cataluña que usted representa hoy, quedo a su disposición para trabajar conjuntamente y ofrecer así la mejor respuesta a las necesidades reales de todos los ciudadanos.
Cordialmente,
Mariano Rajoy Brey"
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Félix Velasco

lunes, 9 de septiembre de 2013

Obsesión por el poder

- Hay quien cree que por tener el poder puede subordinar, oprimir, obligar, discriminar, despreciar, marginar, intimidar, engañar,insultar, menospreciar, subestimar, olvidar, maltratar,...
- El obseso por el poder no nace, se hace.
- La política no corrompe, atrae a los corruptos.
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Félix Velasco

domingo, 8 de septiembre de 2013

¿Por qué hay tanta corrupción en España?

Para los que estudiamos la corrupción a nivel comparado, la reciente oleada de escándalos en España no representa ninguna sorpresa. Países como Francia, Italia, Portugal o España llevan años mostrando niveles de corrupción y de calidad de gobierno más parecidos a los de países autoritarios en vías de desarrollo que a los propios de democracias capitalistas avanzadas con décadas de pertenencia a la OCDE. ¿Qué factores separan a estos países, y en particular a España, de las democracias libres de corrupción?
Una primera tentación que hay que evitar es la de afirmar que la corrupción está en "nuestra cultura". Se trata de un argumento peligroso e intelectualmente poco satisfactorio, pero que, sin embargo, goza de cierto predicamento en algunos círculos -posiblemente los mismos que afirmaban no hace tanto tiempo que la democracia representativa o el capitalismo no tenían espacio en nuestra cultura mediterránea y/o católica. Como un creciente número de estudios está demostrando, la causalidad parece ir en todo caso en la dirección opuesta: los países desarrollan "malas" culturas -o culturas donde predomina la desconfianza social- como consecuencia de unos elevados niveles de corrupción.
Una segunda tentación a evitar es el impulso legalista, con mucho arraigo en España, uno de los países del mundo con una mayor proporción de abogados en sus administraciones. Desde la visión legalista, expuesta, por ejemplo, por el Tribunal de Cuentas en un informe sobre corrupción local, lo que explicaría la misma en España sería "la falta de regulación", que "permite un margen de discrecionalidad, no siempre acorde con la protección del interés público". Pero, ¿alguien puede de veras creer que la solución a la corrupción local consiste en regular todas y cada una de las actividades de estas administraciones?
Sorprende comparar la actitud de nuestro Tribunal de Cuentas con sus equivalentes nórdicos: en ellos, en lugar de artículos con detallados procedimientos, encontramos simplemente alguna presentación de powerpoint señalando que el objetivo es evitar una "deficiente contabilidad", dejando discreción casi absoluta a los auditores públicos sobre cómo llevar a cabo su labor de fiscalización.
Como la literatura moderna sobre corrupción señala, las causas de la corrupción no hay que buscarlas en una "mala cultura" o en una regulación insuficiente, sino en la politización de las instituciones públicas. Las administraciones más proclives a la corrupción son aquéllas con un mayor número de empleados públicos que deben su cargo a un nombramiento político. Y aquí, el contraste entre España y los países europeos con niveles bajos de corrupción es significativo. En una ciudad europea de 100.000 a 500.000 habitantes puede haber, incluyendo al alcalde, dos o tres personas cuyo sueldo depende de que el partido X gane las elecciones. En España, el partido que controla un gobierno local puede nombrar multitud de altos cargos y asesores, y, a la vez, tejer una red de agencias y fundaciones con plena discreción en política de personal. En total, en una ciudad media española puede haber cientos de personas cuyos salarios dependen de que el partido X gane las elecciones.
Esto genera diversos incentivos perversos para la corrupción. Los empleados públicos con un horizonte laboral limitado por la incertidumbre de las próximas elecciones son más propensos a aceptar o a solicitar sobornos a cambio de tratos de favor que los empleados públicos con un contrato estable. En segundo lugar, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría del mundo occidental, donde los políticos locales están forzados a tomar decisiones junto a funcionarios que estarían dispuestos a denunciar cualquier sospecha de trato de favor, en España toda la cadena de decisión de una política pública está en manos de personas que comparten un objetivo común: ganar las elecciones. Esto hace que se toleren con más facilidad los comportamientos ilícitos, y que, al haber mucho más en juego en las elecciones, las tentaciones para otorgar tratos de favor a cambio de financiación ilegal para el partido sean también más elevadas.
¿Qué podemos hacer para reducir esta politización? La experiencia de otros países resulta ilustrativa. Por ejemplo, entre finales del siglo XIX y principios del XX muchas ciudades de Estados Unidos presentaban unos niveles de politización y corrupción tan estratosféricos como los reflejados en la película Gangs of New York, donde el gobierno de la ciudad aparece capturado por redes clientelares e incluso criminales. Unos años después, la extensa politización de las administraciones locales -y, de su mano, la corrupción- descendió de forma drástica gracias a reformas institucionales como la sustitución del tipo de gobierno strong-mayor (el tipo de gobierno local que predomina en España, en el cual un solo cargo electo, el alcalde y su mayoría de gobierno, acumula mucho poder) por el denominado city-manager. En esta nueva forma de gobierno, los cargos electos retienen la capacidad legislativa, pero el poder ejecutivo pasa a manos de un directivo profesional nombrado por una mayoría cualificada de concejales y por un periodo de tiempo no coincidente con el ciclo electoral, reduciendo así el grado de dependencia política.
Este tipo de gobierno, o variantes del mismo, ha sido adoptado en las administraciones locales de los países occidentales que presentan menores niveles de corrupción. En ellos, el partido que gana las elecciones tiene las "manos atadas" a la hora de hacer nombramientos, porque existe un directivo profesional que gestiona la organización administrativa, o bien debe llegar a amplios acuerdos con otras fuerzas políticas, incluyendo con frecuencia a las de la oposición, para nombrar a cargos públicos. En general, se trata de buscar mecanismos institucionales para que se seleccionen empleados públicos cuya continuidad en el cargo dependa de su competencia o mérito y no de su lealtad política.
Es importante subrayar que el nivel de competencia de los empleados no es sinónimo de lo que tradicionalmente se interpreta como sistema de mérito en España; es decir, unos funcionarios públicos seleccionados mediante oposiciones y con una plaza "en propiedad" de por vida, con independencia de su rendimiento. La evidencia empírica nos muestra que no es necesario tener una administración repleta de funcionarios para reducir la corrupción. Por ejemplo, los dos países menos corruptos del mundo en 2008, Suecia y Nueva Zelanda, eliminaron hace años el estatus funcionarial para la gran mayoría de sus empleados públicos, que en la actualidad se rigen por la misma legislación laboral que cualquier trabajador del sector privado.
¿Podemos aspirar en España a unas administraciones más flexibles y eficientes y, a la vez, menos corruptas? El principal obstáculo para ello es que aquí el debate público está atrapado entre dos visiones antagónicas e indeseables ambas. Por un lado, los partidos políticos que, amparándose en la rigidez tradicional de la administración pública, han fomentado instituciones que permiten una alta politización de la administración y, por tanto, generan corrupción. Por otro, los representantes de los cuerpos de funcionarios que abogan por el mantenimiento de un sistema de empleados públicos inamovibles. Quien obviamente paga las ineficiencias derivadas de la politización y de la rigidez administrativa son los ciudadanos.
Aunque esta situación parezca irreversible, la experiencia de otros contextos debe infundirnos optimismo. Cuando activistas como Richard Childs -hombre de negocios y promotor de un tipo de gobierno local basado en directivos profesionales como los existentes en el sector privado- iniciaron su improbable lucha contra la politización y la corrupción que asolaban la mayoría de niveles administrativos en Estados Unidos hace ya más de un siglo, se enfrentaron a redes clientelares cuyo poder parecía inexpugnable. Sin embargo, triunfaron porque fueron capaces de movilizar los intereses de aquellos que en última instancia generaban la riqueza del país, convenciéndolos de que ésta se estaba malgastando no con malas políticas públicas, sino con malos políticos, o mejor dicho, con la pervivencia de malas instituciones utilizadas por los políticos para sostener sus redes clientelares. ¿Podrá alguien en España movilizar esos intereses?
Víctor Lapuente Giné
Profesor de Ciencia Política 
Quality of Government Institute
 Universidad de Gotemburgo (Suecia).
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Félix Velasco

sábado, 7 de septiembre de 2013

La vida continua

No te conformes con vivir el presente, esfuérzate por labrar un futuro, porque los momentos pasan, pero la vida continua. No cambies lo que más deseas en la vida por disfrutar el momento.
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sábado, 31 de agosto de 2013

Comienza de nuevo

El instinto de supervivencia es más fuerte que cualquier crisis. Piensa cuantas veces te has dicho: "si pudiera empezar otra vez haría las cosas de otra manera". Pues ésta es tu oportunidad, ¡reinvéntate!
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Félix Velasco

La importancia de la dignidad

De la Jornada "UNA VIDA DE PELÍCULA": No permitas que el dolor, la tristeza, la soledad, el odio, el resentimiento, los celos, el remordimiento y todo aquello que pueda manchar el brillo de tu alma, la dominen, haciendo enfriar la fuerza que existe en lo más profundo de tu ser. Jamás pierdas tu dignidad. La dignidad no consiste en honores y reconocimientos externos, sino en merecer lo que tenemos, es un valor inherente al ser humano en cuanto ser racional, dotado de libertad y poder creador, pues las personas pueden modelar y mejorar sus vidas mediante la toma de decisiones y el ejercicio de su libertad.
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domingo, 25 de agosto de 2013

El Titanic: Un barco insumergible

Las predicciones más famosas y que nunca llegaron a cumplirse

Posiblemente el hundimiento más famoso de la historia, que ha dado lugar a gran cantidad de libros, películas o documentales. Lo cierto es que el Titanic comenzó su corta vida siendo el «tasatlantico más grande» del momento. Y el vicepresidente la compañía constructora lo definió como «insumergible».
Consciente de lo fallido de su predicción, el mismo Philip Franklin aseguró tras la tragedia: «no entiendo cómo pudo suceder».
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domingo, 18 de agosto de 2013

No te mientas

De la Jornada "UNA VIDA DE PELÍCULA": Nunca des por hecho que la opinión mayoritaria tiene la razón, y que por lo tanto es razonable lo que piensan los que son más. Sal de la manada del pensamiento único, sin ideas propias, sin anhelos propios, sin vida propia. Que no se apodere de tu mente, de tu corazón ni de tu voluntad la masa informe. Niégate a repetir eslóganes facilones balando como borrego maximalista.
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jueves, 15 de agosto de 2013

Militantes vs. accionistas

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domingo, 11 de agosto de 2013

¿Privatizar? Qué risa

¿Cuál es la principal diferencia entre un estadounidense y un europeo? Pues que el americano aspira a pilotar su propia vida. Le repugna ser pastoreado por el Estado, o que se inmiscuya más de lo imprescindible en su economía. ¿Cuál es el sueño del español tipo? ¿Encerrarse en un garaje con unos coleguis, como en California, y conquistar el mundo con una idea? Qué va. La ilusión del español estándar es ser funcionario, aunque sea de bedel en un tanatorio. Los estadounidenses piensan que donde mejor está el dinero es en el bolsillo del ciudadano. En España, donde casi hay más mormones que liberales, sucede lo contrario. Aceptamos como normal que el Estado nos lamine el 20, el 30 o el 40% de nuestros sueldos y disponga de ese dinero como quiera. Se da por sobreentendido que no existe alternativa a este modelo socialdemócrata, que nos mantiene con un paro masivo. Nadie se hace la gran pregunta: ¿Administra bien el Estado nuestro dinero?
Hace justo un año se aprobó la ley que permite privatizar las televisiones autonómicas. Durante lustros escuchamos a los líderes del partido que hoy gobierna en casi toda España clamar contra ese despilfarro. ¿Qué ha ocurrido a la hora de retratarse? No se ha privatizado ni una. Cada año, España dilapida 1.200 millones que no tiene en las autonómicas. Solo cuatro regiones (La Rioja, Castilla y León, Cantabria y Navarra) carecen de canales propios. ¿Viven peor? ¿Sufren mucho los cántabros por no poder ver en su tele realities de «Cántabros por el mundo», o documentales sobre la carestía de la anchoa? ¿Echan en falta los leoneses programas de cocina sobre los pimientos de Cacabelos? ¿Cómo pueden vivir los navarros sin una tele autonómica que ofrezca los encierros en 3D?
Cataluña, cuyo mandatario es incapaz de presentar sus presupuestos (el primer deber del gobernante), se gasta 225 millones en su corporación de radio y televisión, con dos mil empleados. Es casi lo que cuesta RTVE, que atiende a todos los españoles. Andalucía entierra 138; el País Vasco, 105; Galicia, 94. En Valencia, donde todo se hizo a lo récord Guinness, el pufo de Canal 9 es de 1.300 millones. Este verano, Madrid –¡la capital de España!– no será asfaltada: no hay un duro. Pero ahí sigue la televisión autonómica. Un servicio vital para los madrileños, pues no hay canal en el mundo que emita más películas de vaqueros con olor a naftalina.
Los canales regionales son doblemente nocivos. Por una parte, detraen dinero público de fines mejores. Por otra, pervierten el libre juego democrático, pues son, en todas partes y gobierne quien gobierne, un instrumento de adoctrinamiento a favor del partido de turno (el tema se agrava en Cataluña, donde actúan como principal ariete del independentismo, lo que los hace intocables).
Trece teles, 11 defensores del pueblo, 12 consejos económicos, 17 parlamentos, 13 cámaras de cuentas, 17 consejos consultivos, institutos cartográficos, meteorológicos, turísticos, embajadas, sinfónicas, museos de arte moderno (vacíos). Da igual. Los únicos problemas de España son Bárcenas, Urdangarín y que Wert, ¡qué ultra!, aspira a que la escuela deje de ser una fábrica de zoquetes.
Luís Ventoso
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domingo, 28 de julio de 2013

Periodistas y gladiadores

Periodistas y gladiadores
Ocurre con frecuencia que los periodistas quieren ocupar el lugar de los políticos, mientras estos sienten la irrefrenable tentación de dirigir los medios. Es el mundo al revés. O, para ser más precisos, la democracia al revés. Las empresas de comunicación abandonan su original misión hasta pervertirla. Pasamos de intentar ser la conciencia crítica del poder a pretender erigirnos en sus antagonistas. O en el propio Poder. Renunciamos a la labor de información y reflexión reposada e independiente para enzarzarnos en un debate descarnado, donde los partidos quedan en un cómodo segundo plano, a la espera de los posibles réditos del enfrentamiento a muerte entre los periodistas. Puede que nos parezca normal porque es lo que estamos acostumbrados a leer, ver y oír, pero no tiene ningún sentido. Ni mucho menos constituye un buen servicio al deber de contribuir a reforzar una sociedad sana, libre y avanzada. Al contrario, estamos ante una clarísima involución, en donde todos, aunque unos más que otros, arrastramos una cuota de responsabilidad.
Hace apenas unas semanas, el presidente de Coca-Cola Iberia, Marcos de Quinto, reflexionaba con un grupo de empresarios acerca del fenómeno del enfrentamiento entre periodistas de distintas sensibilidades ideológicas. Decía percibir mayor enconamiento entre los profesionales de la comunicación que entre los propios políticos y, desde luego, muy superior que entre los ciudadanos de a pie. Cuando el contraste de opiniones tiene lugar en un plató de televisión, se traduce desde la primera intervención en un bombardeo de descalificaciones al contrario. Casi un linchamiento, muy efectista, pero, por lo demás, del todo previsible. La pauta del programa incluye prácticamente siempre los mismos temas y personajes: cada frente se atrinchera en sus posiciones y ataca sin piedad hasta descender a lo zafio y personal. Se agranda el problema, que acaba por parecer casi un asunto de Estado. Mientras, se hurtan a la opinión pública otras muchas informaciones de su interés. El debate mediático condiciona los puntos de vista y determina lo que es importante y lo que no. Y lo que resulta más grave: provoca un desequilibrio de percepciones que nada bueno puede reportar a una sociedad urgida de madurar.
La centralidad del debate social sigue estando ocupada, en gran medida, por la agenda que marcan los diarios de información general. Pero no cabe duda de que televisiones y radios amplifican ese debate y ejercen mayor influencia sobre la opinión pública. En España, el dial radiofónico se encuentra más o menos equilibrado, mientras que la televisión se ha escorado hacia la izquierda. Se aleja así de una parte notable de su audiencia, que se siente huérfana de contenidos audiovisuales más cercanos a su sensibilidad política. Ni siquiera se satisface el derecho de los ciudadanos de acceder a una reflexión crítica e independiente. Salvo honrosas excepciones, la controversia que se manifiesta en los platós tiene más que ver con el espectáculo que con una contraposición de pareceres y análisis. Si un español se limita a juzgar el momento político por los fragmentos de realidad que determinados medios le aportan, concluirá que estamos a las puertas del Apocalipsis.
Tengo para mí que los comunicadores hemos sobreactuado en los últimos tiempos. Hemos sobrepasado los límites que le son marcados a nuestra propia actividad. Los periodistas no somos policías ni fiscales. Aún menos jueces. Incluso en nuestro aparente papel de informadores hemos desanimado a nuestras audiencias en exceso. Nos hemos regodeado en el pesimismo y el derrotismo; hemos optado por ahondar en las miserias. Trasladamos al ciudadano nuestras angustias económicas.
En España se está produciendo un desplazamiento de funciones e identidades entre poderes y otros protagonistas del juego democrático. La sociedad civil, a pesar de la irrupción de todo tipo de iniciativas, se ha debilitado en los últimos treinta años. Los poderes públicos se han vuelto hegemónicos y más constrictivos cuanto más pequeño es el territorio. Han ofrecido comodidad y bienestar a los ciudadanos a cambio de que estos renunciaran a sus derechos e ideas y, lo que es peor, a creer en ellos mismos.
Al tiempo, los partidos se han afanado en transformar su tradicional laboratorio de ideas en mecanismos de perpetuación. Los militantes han pasado a ser funcionarios. Las figuras, becarios. El debate se suplanta por el aplauso; la brillantez, por las adhesiones. La consecuencia es un empobrecimiento de la vida política. Un abandono del debate democrático, de la lucha parlamentaria y de la libertad de pensamiento. Justo de aquello que hace progresar a los pueblos. Una dejadez y una mediocridad que han llevado a que la dialéctica política se traslade a los medios de comunicación. Y así, en la democracia española, hemos pasado del debate político al debate mediático.
Los medios hemos usurpado la dialéctica parlamentaria, pero sin los límites ni la cortesía que le son propios. Estamos más enfrentados los periodistas que los políticos. Y lo preocupante es que de este modo se desdibuja la actualidad. Se modifica al gusto de tal cadena, cual periódico o aquel grupo de comunicación. La lupa de unos u otros amplifica determinados asuntos, mientras en España sigue siendo fundamental mirar hacia el drama del paro, la ilusionante recuperación económica, la reforma administrativa o educativa, la modernización del país, los intentos sediciosos de determinados nacionalismos… En definitiva, apremia la puesta al día de España y de los españoles, después de la fiesta y la siesta que en la bonanza pasada nos dimos todos, sin que nadie nos alertase del abismo hacia el que nos abocábamos tan felices. Falta reflexión de fondo. Mensajes fundados en pensamientos. Visión de futuro. Compromiso con el bien común. Estamos todos instalados en el corto plazo. Y así nos va.
Con esta dinámica no vamos a ningún sitio. Anima poco y resulta nada constructivo ver cómo «plebe y Senado» acuden al circo mediático a contemplar la lucha de unos gladiadores periodísticos que saltan a la arena y allí se convierten en jueces y césares de la sociedad. En esa arena escenifican luchas que no les corresponden. Los medios y quienes trabajamos en ellos podemos ser guardianes de la democracia. En ocasiones, alertando; en otras, dando esperanza, siempre contando la verdad, pero nunca suplantando el papel que la sociedad democrática tiene otorgado a otros. En ese equilibrio inestable que es el juego democrático, cuando los jugadores cambian sus posiciones corren el riesgo de convulsionar a la sociedad.
Bieto Rubido
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