domingo, 17 de junio de 2012

Redefinir el Estado

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El Fondo Monetario Internacional acaba de recomendar al Gobierno, entre otras cosas, que recorte el sueldo de los empleados públicos, con el fin de reducir el déficit presupuestario. Yo no digo que no haya que acometer ni esa medida ni otras muchas de las que propone el organismo multilateral. Pero, a mi juicio, las recomendaciones que realiza el FMI adolecen del defecto fundamental de no entender cuál es la estructura de la Administración pública española y por eso carga las tintas en los ajustes que puede llevar a cabo el Estado, como la referida reducción de la retribución de los funcionarios, la subida del IVA o la desaparición de la desgravación por vivienda, mientras que no dice nada de aquellas otras partes donde reside el grueso del gasto público español.
La razón por la que nuestra situación fiscal es insostenible se debe, fundamentalmente, a algo de lo que no habla el Fondo, y es a las competencias impropias asumidas tanto por las autonomías como por los ayuntamientos, que son las que disparan el gasto. Por supuesto, eso no quita para reconocer que la plantilla del sector público esta hinchada; que, probablemente, sobra un millón de empleados públicos y que hay que actuar en este sentido. Pero el problema fundamental no es ese, sino las competencias que ejercen las autonomías y los ayuntamientos y que no les corresponden. Solamente con eliminar las duplicidades entre las comunidades autónomas y el Estado nos ahorraríamos 45.000 millones de pesetas, más de la mitad de la cantidad en la que tenemos que reducir nuestro déficit presupuestario. Y si a ello le unimos todas aquellas políticas asumidas por las corporaciones locales con la simple excusa de que el ciudadano se las demanda tendríamos resuelto nuestro problema fiscal sin necesidad de subir impuestos ni nada por el estilo.
¿Por qué los ayuntamientos y las autonomías no actúan de esta forma y resuelven, así, sus problemas presupuestarios? Pues muy sencillo. Quien está a su frente considera que el ejercicio de esas políticas le aporta votos y, por tanto, en ningún momento quiere renunciar a ellas, por mucho que ni las comunidades ni las corporaciones locales puedan seguir permitiéndoselas. Por ello, y dado que no cabe esperar nada de los políticos regionales y locales, el Gobierno debería proceder a toda una restructuración y reordenación del conjunto de las administraciones públicas, definiendo claramente cuáles son las competencias de cada nivel y prohibiéndole ejercer aquellas otras que no le corresponden. Pero, claro, para eso hay que tener en la cabeza un modelo de Estado. Y si hay algo que caracteriza desde el principio al Ejecutivo de Rajoy es por la ausencia de dicho modelo. Pues bien, o el Gobierno reordena la Administración, o ya sabe lo que le toca: adoptar más medidas impopulares, como la subida del IVA o el recorte de los salarios de los funcionarios. Rajoy elige.
Emilio J. González
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Félix Velasco

Hacia el núcleo del problema

Vivimos tiempos difíciles. Primas de riesgo, bonos basura, mercados financieros... son términos que han irrumpido violentamente en nuestro lenguaje a diario, lo cual es motivo de preocupación. Cada día nos preguntamos por qué nuestra prima de riesgo sigue en los niveles más altos, por qué la colocación de la deuda pública española se hace a tipos de interés tan elevados, por qué el discurso político no hace mella en los operadores de los mercados... Problemas que absorben tiempo y dedicación a los sujetos económicos, quedando postergadas las preocupaciones por el estancamiento de la economía productiva, que es a la que hay que dirigir la mirada cuando se pretende un crecimiento económico.
Se dirá, con razón, que los mercados financieros se mueven mal en el desconocimiento, en la falta de información, acentuados, si cabe, por la incertidumbre de todo futuro; así pensarán nuestros recién llegados parientes, Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s. Parece indiscutible que la opacidad de las condiciones económicas de las entidades financieras, por la que optó el Gobierno de Zapatero, mantenida a día de hoy, es un obstáculo para la serenidad de los mercados y para la confianza de éstos en nuestro sistema económico. La transparencia, aconsejada por el G-20 (Washington, noviembre de 2008) y por el G-7 (Roma, febrero de 2009), se presentaba, ya entonces, como el arma más eficaz para proporcionar confianza y tranquilidad, evitando desequilibrios y perturbaciones.
Sólo a nivel de rumores se infiere hoy el destino, al menos parcial, de los recursos que la Unión Europea está dispuesta a situar para el saneamiento del sistema financiero español. No disponer de información precisa acerca de quienes y en qué cuantía serán los destinatarios de esta ayuda, genera dudas fundadas en el sistema en su conjunto; la peor situación para un sistema basado en la confianza.
Dicho lo cual, no puedo dejar de extender mi preocupación, también, a otras esferas que, creo, algo tienen que ver en la situación. ¿Qué decir del gobierno europeo? ¿Existe realmente un gobierno de la Unión Europea? A juzgar por sus fracasos, sus errores y su indolencia, mejor sería que no existiese. Lo que parece cierto es que, en lo que hay, no existe criterio ni coordinación; los alegatos de unos quedan desmentidos por otros; las luchas de intereses combaten en las decisiones de sus órganos.
El modelo de que los gobernantes capaces deben gobernar en los países miembros y los que no lo son integren el gobierno de la Unión, como ocurre en otros organismos internaciones, no es válido para Europa. Frente a las Naciones Unidas, por ejemplo, Europa necesita un Gobierno ágil y certero que tome decisiones ejecutivas, pues mucho es lo que nos jugamos. Que gobierne exigiendo disciplina, en un objetivo común –Europa y el Euro–, sancionando a quienes la incumplan. La cesión de soberanía fiscal y financiera puede ser un requisito ineludible. Quizá el camino para regresar al corazón de Europa del que nos alejó Zapatero.
José T. Raga
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A buenas horas se arrepiente el supervisor de nubes


José Luis Rodríguez Zapatero nos sorprendió ayer con un particular acto de contrición acerca de su penoso desempeño en la crisis económica y el daño causado a todos los españoles. Este particular "mea culpa" no lo entonó frente a las víctimas directas de su gestión sino en la televisón Al Jazeera, donde afirmó que "si hubiera ahorrado más, ahora sufriríamos menos". Lo de sufrir desde luego no lo debe decir por él, que disfruta del retiro dorado que todos los españoles pagamos a los expresidentes del gobierno, por más que hayan sido un desastre cuyas secuelas vamos a soportar por largo tiempo. La sociedad española, en cambio, sí está padeciendo los efectos de la última legislatura de Zapatero sin que hasta el momento se vislumbren síntomas de recuperación.
Zapatero primero negó la crisis económica a pesar de todas las evidencias, más tarde reconoció cierta desaceleración económica que se solucionaría por sí sola aplicando una dosis mayor de socialismo y, finalmente, cuando los efectos de la crisis eran irreversibles, trató de capear el temporal incurriendo en uno de los mayores deterioros presupuestarios que se conocen en un país desarrollado.
Así fue cómo el ahora arrepentido en las pantallas qataríes decidió echar mano de los 20.066 millones de euros de superávit público registrados en 2007 para, posteriormente, incurrir en un déficit de 45.189 millones en 2008, 117.306 millones en 2009, 98.227 millones en 2010 y 90.000 millones 2011. En total, la última legislatura del aspirante a inspector de nubes tuvo un coste fiscal de 351.000 millones de euros dejando así, de forma directa, una factura media de 24.000 euros a cada contribuyente neto. El resultado es que cuando Zapatero abandonó el poder la deuda pública de España se había duplicado, desde el 36% del PIB en 2007 hasta más del 70% en 2011.
Como colofón, los coletazos de su último mandato antes de entregar el poder al Gobierno de Mariano Rajoy quedaron marcados por sus falsedades acerca del déficit, que finalmente tuvo que revisarse al alza en casi 30.000 millones de euros, lo que obligó al nuevo ejecutivo a modificar sus cuentas para cumplir con los compromisos europeos en materia de gasto público.
Un político con ese currículum no puede saldar sus gravísimas responsabilidades con un amago de reconocimiento de culpa fuera de nuestras fronteras. Si tiene algo que decir, al menos que dé la cara y se lo diga a todos los españoles, especialmente a los que siguen votando a su partido como si el socialismo fuera todavía una corriente de ideas capaz de aportar soluciones en una sociedad democrática. A partir de ahí que siga luchando contra el cambio climático que, según afirmó en la citada entrevista, es lo que más atormenta la conciencia progresista de nuestro particular hombre de Estado.
LDO
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sábado, 16 de junio de 2012

Trabajo y humor


El sentido del humor es una cualidad positiva, ya que nuestra salud depende en gran parte de nuestro estado de ánimo. Las personas con sentido del humor son más resistentes a la ansiedad y la depresión. Las emociones positivas fomentan el pensamiento creativo, motivan para el trabajo, aumentan la productividad y ayudan a tomar decisiones más acertadas. No hay mejor trabajo que aquel que te permite, además de ganarte la vida dignamente, ser una persona más amable y alegre. Trabajar con sentido del humor fortalece la motivación individual y colectiva, estimula la innovación y optimiza la comunicación interna.
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viernes, 15 de junio de 2012

El circo de la política

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lunes, 11 de junio de 2012

Vamos a pagar mentiras, tralará...

Que se guarde su demagogia un PSOE bajo cuyo mandato se ha fraguado no sólo esta crisis, sino la mayor brecha entre ricos y pobres
AHORA que vamos despacio, que se ha gripado el motor, han pinchado las burbujas que hincharon artificialmente nuestra economía, desde el ladrillo a las tecnológicas asociadas a telecomunicaciones, y en la caja sólo quedan telarañas, vamos a pagar con sangre, sudor y lágrimas todas las mentiras que nos han contado. Las vamos a pagar los españoles; nada de los bancos. Las pagaremos en forma de más impuestos, mayores comisiones, tasas superiores a las conocidas y recortes en los derechos asociados a nuestra contribución a las arcas comunes. Pero las pagaremos a escote. De eso no hay duda. Y sería muy de agradecer que en esta ocasión nos dijeran la verdad en lugar de perpetuar viejos embustes, aunque sólo sea por respeto a los sacrificios que sin duda nos exigirán.
Es muy fácil echar toda la culpa de nuestras desgracias al presidente anterior y por supuesto que tiene mucha. Fue él, José Luis Rodríguez Zapatero, quien hizo de la mentira una forma habitual de gestión, dejó pasar hace años el tren de los rescates bancarios colectivos, tapando los enormes agujeros de nuestras entidades con ese falso mantra de que España era diferente y jugaba en la Champion’s League, dio carta blanca a las comunidades autónomas para que gastaran sin medida, levantando las restricciones legislativas instauradas en tiempos de Aznar, y se fundió nuestro dinero en regalos electorales o planes propagandísticos carentes del menor sentido económico. Dicho lo cual, él no anduvo solo ese camino hacia el precipicio.
¿Cuántos gobiernos autonómicos se preocuparon de cuadrar sus cuentas en el tiempo de las vacas gordas? Ninguno de ningún color. ¿Cuántos directivos de cajas de ahorros, consejeros de distinto signo y demás gestores de fondos ajenos demostraron una capacidad de administración acorde con las retribuciones multimillonarias que se adjudicaron a sí mismos? Se cuentan con los dedos de una mano y sobran. ¿Cuántos altos ejecutivos renunciaron a engordar los balances de resultados mediante ingeniería contable por miedo a perder sus suculentos «bonus»? Muy poquitos. ¿Cuántos ciudadanos normales y corrientes se entramparon más allá de lo razonable, recurriendo al crédito hasta para embarcarse en un crucero por el Caribe? ¿Cuántos defraudan al sistema de un modo u otro? Demasiados.
Pensamos que el suflé seguiría subiendo indefinidamente, a pesar de saber que no tenía consistencia para sostenerse, hasta que el horno global se ha enfriado, provocando el hundimiento de esa ficción hueca sobre la que basábamos nuestro crecimiento. Ahora viene el llanto y crujir de dientes. La penitencia por tanto derroche. Una purga amarga que, salvo milagro improbable, no será repartida de manera ni equitativa ni justa, por la sencilla razón de que los causantes del desaguisado son demasiados como para rendir cuentas individuales y demasiado pocos como para hacerse cargo de la monumental factura.
Que se guarde su demagogia un PSOE bajo cuyo mandato se ha fraguado no sólo esta crisis, sino la mayor brecha abierta en España entre ricos y pobres desde que existe registro de la distancia que separa a esos dos grupos. Absténgase Rubalcaba de dar lecciones a Rajoy y evite éste tratarnos como a niños ignorantes. ¿Qué es eso de que pagarán los bancos? ¿No repercutirán esos costes sobre sus clientes? ¿No lo somos todos por obligación? ¿No permanece hoy secreto el destino de los miles de millones que han recibido ya del FROB?
La verdad, señores políticos, duele, pero la mentira ofende. Y a la larga siempre nos sale más cara a los mismos «paganos» de siempre.
Isabel San Sebastian
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domingo, 10 de junio de 2012

Un coche sin conductor

 
Un sistema de navegación y posicionamiento desarrollado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)ha permitido que un vehículo complete un recorrido de unos 100 kilómetros por varias carreteras madrileñas sin ser manejado por un conductor.
Según ha informado este domingo el CSIC, el sistema de navegación permite al vehículo -llamado «Platero»- conocer su posición con un margen de error de 50 centímetros y, gracias a un sistema de visión artificial, puede reconocer la calzada y los obstáculos que encuentre a su paso.
El vehículo cuenta también con un sistema de conducción automática que permite al coche simular el comportamiento de un conductor humano y tomar sus propias decisiones en función del estado del tráfico y la vía.
Para la responsable del proyecto, la investigadora del Centro de Automática y Robótica (centro mixto del CSIC y la Universidad Politécnica de Madrid) Teresa de Pedro, «Platero representa el futuro de la conducción, en el que el vehículo es capaz de desplazarse de forma autónoma para satisfacer las necesidades humanas».
El mecanismo de Platero es fruto del proyecto Autopía, que se desarrolla desde hace más de 15 años.
Escoltado por la Guardia Civil
Platero ha completado esta mañana el trayecto entre el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y la sede del Centro de Automática y Robótica en Arganda del Rey, unos 100 kilómetros, que ha realizado a una velocidad media de 60 km/h y escoltado por agentes de la Guardia Civil.
Durante este trayecto y gracias a un sistema de comunicación entre vehículos, «Platero» ha seguido las indicaciones del «coche guía Clavileño', situado un tramo por delante de él.
Este «coche guía» transmite su trayectoria a Platero con mensajes de su posición enviados 10 veces por segundo y, de esta manera, el vehículo automático conoce su propia posición y sabe hacia dónde debe dirigirse, por lo que el sistema Autopía actúa sobre los mandos del vehículo para obtener la conducción autónoma.
«Este es un gran avance para crear una infraestructura de transporte más eficiente y segura», ha subrayado de Pedro, quien, sin embargo, ha reconocido que aún falta mucho trabajo para que las vías estén pobladas por coches autónomos.
ABC
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Ni rescate ni intervención

Bueno, ya sabemos lo que hay: Europa ha ofrecido a España hasta 100.000 millones de euros para sanear su sistema financiero. España los ha aceptado y a la luz de lo que digan los expertos que están examinando la situación de sus bancos y cajas, solicitará lo que necesiten, que se concederá si no excede la cifra ofrecida. La solicitud se hará a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, FROB, encargado de distribuir las ayudas. Mientras, el Fondo Monetario Internacional actuará como asesor en todo el proceso. No habiendo otros condicionamientos ajenos a los financieros, ni exigencias de cualquier otro tipo a los planes en marcha del Gobierno español para sanear y poner en marcha su economía. Se trata, en suma, de un amplio crédito y en condiciones mucho más favorables que las del mercado a las instituciones financieras españolas para recapitalizarse y puedan empezar a conceder créditos a las empresas y particulares, con el objetivo último de que la economía española se ponga de nuevo en marcha.
De lo que se deduce:
Primero. Que no se trata de un «rescate· de España, sino de una ayuda a aquella parte de su sistema bancario -que se calcula en un 30 por ciento- seriamente dañado por la crisis inmobiliaria, que estaban afectando al resto.
Segundo. Que, menos aún, se trata de una «intervención» de Bruselas, al estilo de las que ha hecho de Gracia, Portugal o Irlanda, por lo que la comunidad toma las riendas de la economía de esos países. En este caso, ni siquiera supone recomendar reajustes más duros de los ya tomados por el Gobierno español en materias como pensiones, salarios o contratos.
Tercero. Que, por una vez, la solidaridad europea ha funcionado, acudiendo en ayuda de uno de los miembros de la Comunidad que tenía problemas en un sector clave de su economía.
Y Cuarto. Que era lo que venía pidiendo no sólo el Gobierno Rajoy sino también sus críticos.
¿Por que, entonces -es la primera pregunta que se le ocurre a uno- todos los medios de comunicación vinculados a la izquierda y el PSOE siguen hablando de «rescate» y de «intervención»?
José Mª Carrascal
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jueves, 7 de junio de 2012

Menos palabras y más acción


Del Curso "La importancia de tener criterio propio": Toda tarea requiere realizar un esfuerzo a la espera de unos resultados, pero el grado de esfuerzo no siempre es la medida del resultado. Hay que aplicarlo en el lugar, momento e intensidad adecuada. Por eso hay que pensar más y hablar menos, y después actuar con presteza.
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lunes, 4 de junio de 2012

Estudiar y paro

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domingo, 3 de junio de 2012

Buscando trabajo

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Sueldos de los jefes de gobierno europeos

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martes, 29 de mayo de 2012

Ruina económica y moral

España se dividió política y administrativamente en 17 Comunidades Autónomas, con sus presidentes, sus parlamentos y sus gobiernos, con la excusa de estar más cerca de los ciudadanos. Pero esta multiplicación de entes no han sido de interés para el ciudadano, sino para el político. Las Comunidades Autónomas en 2012, han reconocido que guardaban casi 4 millones de facturas sin pagar a los proveedores, guardadas en los cajones por un importe de 17.259 millones de euros (seguramente serán más, como en el caso de Andalucía).
Al ciudadano normal, al trabajador honrado, al empresario responsable, al joven esperanzado y atónito: le han endosado el "todo vale", de la ingeniería financiera, el chanchullo, la exhibición, las subvenciones y el derroche,... de que compensa ser defraudador, de que se puede meter mano en la caja común y seguir viviendo de la política. Los causantes de nuestra ruina están libres y no hay exigencia de responsabilidad política ni penal. Esa ruina moral hace más daño que la ruina económica. Se han aprovechado de la impunidad. Queremos que se juzgue a los responsables políticos y económicos y, en su caso, se len impongan condenas ejemplares.
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miércoles, 23 de mayo de 2012

Una verdad como un templo

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo.
Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general.
Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.
Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre.
Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana.
Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.
Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros.
Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas.
Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional.
Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.
Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que ha permitido fomentado celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones:
- marcharse
- o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.
David Jiménez. 

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domingo, 20 de mayo de 2012

Emigrar

Ahí estamos ¿por qué no? La Historia siempre se repite y lo que creíamos imposible está de nuevo aquí. En los años en que coger un avión para cruzar al Caribe era un capricho al alcance de cualquiera, o cuando tener un segundo coche resultaba indispensable para la familia, pensar en que volviesen las emigraciones de los españoles al extranjero de los años cincuenta y sesenta nos daba risa. Ahora tengo una lista de conocidos que lo han hecho o lo están planeando y yo misma repaso con interés las cifras de crecimiento económico de los países, no vaya a ser que convenga dar un salto. El paquete más afortunado de emigrantes españoles es el de los universitarios jóvenes, que se están colocando a mansalva en Alemania, Gran Bretaña o Canadá, todo depende de la lengua que dominen. En esos países la oferta laboral para personas cualificadas académicamente es respetable. Cuando se trata de profesionales en ejercicio, gente de treinta y tantos a cincuenta, el horizonte natural del español es Hispanoamérica. Hay cuatro países en crecimiento imparable que constituyen ahora un buen hogar: Chile, Perú, Colombia y Ecuador. Tampoco México es mal destino, si uno está dispuesto a lidiar con altas tasas de delincuencia e inseguridad. Quienes han tenido cuidado de aprender chino (conozco varios jóvenes y algún que otro adulto, a veces por matrimonio) ya se han colocado en el gigante asiático. Tengo un primo lejano que enseña derecho comunitario en la Universidad de Shanghái, toma ya. Los académicos muy cualificados parecen tener la mayor facilidad a la hora de elegir destino. Uno de mis amigos sale ahora para Finlandia, a enseñar en otra universidad. Pero definitivamente la gran ventaja de los españoles en este momento de salir al mundo es el idioma. Más de media América habla nuestra lengua y aprecia el acento de la Península. Eso facilita el trabajo al otro lado del mar de periodistas, editores, diseñadores y, por supuesto, todo tipo de profesionales menos dependientes de la expresión oral. Las empresas de libros y las revistas están abriendo filiales en los países sudamericanos porque aquí ya no se comen una rosca. En estos momentos de apertura al mundo, cuando aprietan las circunstancias nacionales, se pone de manifiesto cuán estúpida ha sido la política autonómica encaminada a las peculiaridades locales y los idiomas menos hablados internacionalmente. Ahora es más rico el que mejor habla castellano, inglés o chino. El que conoce la geografía internacional y la historia del mundo, no la flora y la fauna de su autonomía. Ojalá que estos años duros y de tanto desarraigo y esfuerzo como nos esperan en el exterior, nos enseñen dentro a recuperarnos de formas de ver las cosas miopes y mochas, obcecadas en la ideología y carentes de fidelidad a los imperativos de la realidad.
Cristina L. Schlichting 
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